#Mundo:Europa y la patada en el culo #FVDigital

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La presidenta del BCE, Christine Lagarde, afirmó en la Conferencia de Seguridad de Múnich que Europa ha recibido una «patada en el culo». No fue un reproche amargo, sino un diagnóstico paradójicamente constructivo. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 lo cambió todo. Y ese cambio ha actuado como catalizador: ha unido a los líderes europeos, los ha obligado a coordinarse mejor y está acelerando reformas que la inercia histórica había aplazado.

El año pasado, el vicepresidente JD Vance utilizó el foro de Múnich para lanzar una dura reprimenda a la UE, con tono provocador. Entre aquel discurso y hoy han proliferado los puntos de tensión: diferencias sobre la guerra en Ucrania, presiones en el seno de la OTAN sobre el reparto de cargas, el uso de los aranceles como herramienta de presión e incluso el episodio de Groenlandia, que estuvo cerca de provocar la ruptura de las relaciones transatlánticas. Por eso mismo, el premio que ha concedido Isabel Díaz Ayuso a EEUU como «faro de la libertad» es tan incomprensible que no puede tildarse más que de servilismo.

La semana pasada, el secretario de Estado Marco Rubio regresó a Múnich con un estilo más diplomático, incluso conciliador, pero con la misma exigencia: más compromiso europeo en defensa y alineamiento a la agenda geoestratégica definida por Washington. Lo que en 2025 sonó a reprimenda ideológica se ha convertido en condicionalidad explícita.

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El canciller Friedrich Merz puso entonces el dedo en la llaga. Si la garantía norteamericana pasa a estar condicionada a los intereses estratégicos, ideológicos y hasta caprichosos de la Casa Blanca, Europa debe plantearse construir una disuasión propia a partir del paraguas nuclear francés. No se trata de fiebre atómica, sino de realismo internacional. Ninguna otra potencia va a prescindir de sus armas nucleares. Ignorar esa realidad no la elimina. La posición de Pedro Sánchez, que rechaza abrir ese debate aunque es coherente con una tradición de la izquierda que postula el desarme como valor moral, es un brindis a las buenas intenciones.

Europa no puede aspirar a su autonomía estratégica si rehúye las decisiones que ese objetivo exige: más gasto, más capacidades y, llegado el caso, dotarse de una disuasión nuclear propia sin renunciar a la OTAN. La «patada» de Lagarde nombra ese tránsito incómodo hacia la madurez. El dilema no es pacifismo frente a belicismo, sino adaptación frente a dependencia crónica. Si Washington introduce condiciones de vasallaje, Europa debe elegir: asumir el coste político y presupuestario de su seguridad nuclear o confiar en que las inercias del pasado basten. La patada obliga a movernos. Lo decisivo es que Europa, por fin, actúe como actor soberano.



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