#Mundo:Ganar el relato #FVDigital

0
14



No importa la realidad, importa lo que parece. Los países, los partidos políticos, las empresas y también las personas estamos en ello. Da igual si mi vida es miserable, si en las redes sociales parece glamurosa. Poco importa que mi partido sea corrupto, mientras consiga trasladar que es el muro contra el fascismo. Empresas que hacen coincidir despidos de miles de trabajadores con anuncios de inversiones millonarias. Por no hablar de países con destinos turísticos infestados de visitantes que patrocinan espacios con audiencias globales en las que aparecen esas mismas localizaciones idílicas y solitarias.

Hay que ganar el relato. Imponer una narrativa -coincida o no con los hechos objetivos- para que la opinión pública la acepte como la verdad predominante. La expresión se ha hecho conocida a base de ser repetida por no pocos asesores políticos en tertulias y libros de bolsillo. Es el nuevo concepto comodín. Vale por supuesto para la política y los líderes del momento son los mejores ejemplos. Trump ha conseguido que se le identifique con la defensa del americano medio frente a las elites. Putin lucha por defender la grandeza de la Gran Rusia ante las agresiones de siempre desde Occidente. Xi Jinping ahora es el adalid del multilateralismo, del libre comercio y de la globalización, logrando que hayamos olvidado que es un cruel dictador. Pero también sirve para conseguir ese ascenso que ansías “tienes que venderte mejor” o arrasar con las zapatillas de última moda “no eres nadie si no usas el calzado con el logo del momento”.

A pesar de que los gurús de la consultoría política hablen del relato como si hubieran descubierto la pólvora, el concepto es viejo, muy viejo y se pierde en la historia. Antes de que se inventara la escritura, la humanidad tenía la tradición oral, historias que se contaban de padres a hijos. Relatos siempre épicos, recordables y con enseñanzas para sobrevivir. Hasta que llegó la imprenta y pudo popularizarse la literatura, los juglares como cuentacuentos profesionales construyeron en la mente de los humanos de cada época un relato de su tiempo. De ahí a los exitosos libros de caballerías, viajes, guerras y aventuras que desde hace décadas son películas y en los últimos años series de televisión. Siempre historias que narran gestas memorables, igual que ahora nos devanamos los sesos para poner en redes sociales la mejor foto, el ocurrente comentario o el más original exabrupto para así conectar con la audiencia.

Te podría interesar:

Antes de que alguno empiece a hacerse cruces por la época en la que vivimos, que ya no se sabe si algo es verdad o mentira o que este relativismo acabará con nuestra civilización, es preciso recordar que siempre ha sido así. La épica del momento, esa pasión con la que nos tomamos cualquier asunto y la obsesión por defender nuestro punto de vista frente a los del otro, se pierde en los anales de la historia.

La leyenda negra española o el carácter creativo de los italianos por no hablar de la superioridad en los negocios de los anglosajones son ejemplos inapelables de imposiciones de relatos. De hecho, el término que tanto usamos ahora, lo épico, proviene de la palabra griega epos, relato en nuestro idioma. Siempre como humanos hemos querido trasladar nuestra visión del mundo con historias que nos trascendieran. Por tanto, tranquilidad, que así seguimos.



Source link