En el mismo circuito donde la Fórmula 1 ha medido históricamente el coraje a fondo, hoy se mide la batería. La primera semana de test del nuevo reglamento 2026 en Bahrein ha dejado más preguntas que respuestas. Y entre todas, una sensación que empieza a repetirse en voz baja en el paddock… y en voz alta cuando hablan campeones del mundo.
Fernando Alonso, que no ha vivido un inicio fácil en este reglamento con el nuevo Aston Martin, no se escondió. Tampoco dramatizó. Pero dejó una frase que resume el debate técnico y filosófico que vive la categoría. “Nuestro cocinero puede conducir el coche en la curva 12 a esa velocidad”, dijo antes los medios con Motorsport.com presente.
La sonrisa acompañaba la ironía. El mensaje, no tanto.
De 260 a 200 km/h: la curva que lo explica todo
La curva 12 de Sakhir ha sido históricamente uno de esos puntos donde el piloto marcaba diferencias. Alta velocidad, apoyo largo, confianza absoluta. Elegías tu nivel de carga aerodinámica en función de poder tomarla prácticamente a fondo.
Antes, 260 km/h. Ahora, 200. No porque el coche no pueda más. Sino porque no conviene.
Con el nuevo reglamento, donde el 50% de la potencia proviene del sistema eléctrico y el MGU-K pasa a entregar hasta 350 kW, cada metro se gestiona. Si gastas energía en esa curva, la pagas en la recta siguiente. Y el “clipping” —la caída abrupta de potencia cuando se agota la batería— ya se ha visto estos días en tandas largas… y también en vueltas lanzadas.
“Como piloto, te gustaría marcar la diferencia en la curva, ir cinco kilómetros por hora más rápido”, explicó Alonso. “Pero ahora estás condicionado por la energía que tendrás en la siguiente recta”.
Es exactamente el mismo punto que defendió Max Verstappen, quien fue más directo: “No es Fórmula 1. Es gestión”. Incluso habló de una especie de “Fórmula E con esteroides” y calificó la situación de “anticompetitiva”.
Alonso no fue tan lejos. Pero entendió el fondo.
Menos instinto, más cálculo
Foto de: Andy Hone/ LAT Images via Getty Images
El asturiano lo explicó con una comparación generacional. Para él, finales de los 90 y principios de los 2000 son “insuperables” en términos de adrenalina pura. Aquella F1 era encontrar el límite del coche en cada curva. Ir al máximo. Siempre.
Ahora, el máximo es relativo.
El nuevo reglamento ha reducido la carga aerodinámica entre un 15% y un 30%, ha eliminado los túneles del suelo y ha introducido aerodinámica activa en ambos alerones. Los coches son más pequeños y ligeros, sí. Pero el factor decisivo ya no es solo cuánto agarre generas, sino cómo despliegas, regeneras y reservas energía.
“Entiendo que ahora hay menos influencia de la habilidad pura de conducción”, admitió Alonso. Y ahí está el matiz importante: no es una queja emocional. Es un diagnóstico técnico.
El kart de al lado
En Bahrein hay un circuito de karts espectacular justo al lado del trazado de F1. Alonso lo mencionó casi como quien lanza una confesión íntima. “A veces vas allí, alquilas un kart… y te diviertes mucho”.
Porque allí sí puedes ir a fondo cada curva sin pensar en mapas energéticos.
Eso no significa que haya desencanto. Ni mucho menos. “Esto es la Fórmula 1. Cerramos la visera y competimos”, recordó. La categoría siempre ha evolucionado: antes fue la aerodinámica —como el Red Bull dominante de 2023 que tomaba curvas 30 km/h más rápido que el resto—, ahora es la energía eléctrica.
Los mejores se adaptarán. Siempre lo hacen.
Pero la pregunta que sobrevuela el paddock tras estos test es otra: ¿puede la F1 seguir siendo el pináculo del pilotaje si el instinto cede terreno al cálculo? Alonso pide esperar tres o cuatro carreras para tener una imagen real. Quizá el espectáculo compense la sensación inicial. Quizá las batallas energéticas generen nuevos matices estratégicos.
O quizá la curva 12 de Bahrein se convierta en el símbolo de una era en la que ir más despacio es, paradójicamente, ir más rápido.
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