#Salud: Los 12 medicamentos que podrían dejar de hacer efecto si los tomas con café

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Una taza de café parece inofensiva, pero no solo aporta cafeína. También contiene compuestos que pueden cambiar cómo el cuerpo absorbe y procesa fármacos comunes. El resultado a veces es discreto, otras veces se nota. El riesgo suele subir con varias tazas al día, y no solo cuenta el café: el té, las bebidas energéticas y hasta el chocolate suman cafeína. Aun así, cada organismo responde distinto, por eso conviene observar cambios sin caer en alarmas.

¿Qué pasa en el cuerpo cuando se mezcla café con un tratamiento?

La interacción suele ocurrir por tres vías. Primero, el café puede reducir la absorción intestinal, así que entra menos medicamento a la sangre. Segundo, la cafeína puede alterar el metabolismo en el hígado, haciendo que un fármaco dure menos, o se acumule más. Tercero, se suman efectos estimulantes, con más nerviosismo, taquicardia o insomnio, algo relevante si el fármaco ya comparte ese perfil. Como medida práctica, muchas guías sugieren separar tomas cuando el profesional lo indica, porque no hay una única regla válida para todos los fármacos.

Señales de alerta de una posible interacción

A veces reaparecen síntomas que estaban controlados, por ejemplo cansancio por tiroides, o cifras de presión más altas. En otros casos aparecen palpitaciones, temblor, acidez, insomnio, o malestar estomacal. También preocupa el sangrado fácil en tratamientos que afinan la sangre. Si estos cambios empiezan tras juntar café y medicación, conviene consultarlo.

Los 12 medicamentos que pueden perder eficacia o dar más efectos secundarios con café

Entre los más citados por fuentes clínicas, la levotiroxina puede absorberse mucho menos si el café se toma muy cerca, y se ha descrito una caída de hasta la mitad.

  • Los suplementos de hierro también sufren, con reducciones muy marcadas de absorción, que se han estimado cerca del 90% en algunas situaciones.
  • Los bisfosfonatos (alendronato, risedronato, ibandronato) deben ir solo con agua, porque el café les quita efecto.
  • En anticoagulantes como warfarina y heparina, la cafeína puede potenciar el efecto y subir el riesgo de sangrado.
  • Con antihipertensivos como propranolol, metoprolol o verapamilo, el café puede reducir la absorción y además empujar la presión al alza.
  • En asma, teofilina y salbutamol se toleran peor con café, con más taquicardia e insomnio.
  • En salud mental, algunos antidepresivos (fluvoxamina, escitalopram, paroxetina, amitriptilina, imipramina) y antipsicóticos (aripiprazol, haloperidol, pimozida) pueden perder eficacia o dar más efectos como palpitaciones.
  • El donepezilo puede ver limitado su efecto en el sistema nervioso.
  • En diabetes, la cafeína puede complicar el control de glucosa.
  • En resfriado y alergia, pseudoefedrina y fexofenadina pueden aumentar nerviosismo e insomnio.
  • Con metotrexato, la cafeína puede alterar niveles y aumentar riesgo de toxicidad, o afectar la respuesta según el caso.
Foto Freepik

Casos especialmente sensibles: tiroides, hierro y huesos

En tiroides, el problema suele ser de “entrada”: si la levotiroxina no se absorbe bien, el ajuste del tratamiento se vuelve más difícil. Con el hierro pasa algo parecido, porque el café alrededor de la toma reduce lo que el cuerpo aprovecha. En huesos, los bisfosfonatos requieren rutina estricta, agua sola y nada que interfiera, para no perder el beneficio.

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¿Cómo tomar café sin sabotear el tratamiento?

Lo primero es revisar el prospecto y preguntar en farmacia o consulta. También ayuda vigilar la cafeína total del día, porque más de tres tazas diarias se asocia con más probabilidades de interacción en varias revisiones clínicas. No se recomienda cambiar dosis por cuenta propia. Cuando el profesional lo indique, separar el café de la medicación suele ser lo más simple. En algunos fármacos, como la levotiroxina, se usa a menudo la idea de esperar 30 a 60 minutos, aunque depende del medicamento y de la pauta. Además, el descafeinado no siempre es neutro, y las energéticas concentran cafeína en poco volumen. Si el tratamiento “parece” fallar sin motivo, el café es un sospechoso frecuente, pero fácil de descartar con un buen ajuste de horarios.

Guía rápida para hablar con el farmacéutico o el médico

Conviene preguntar si ese fármaco puede tomarse con café, cuánta separación hace falta, y qué síntomas vigilar. También sirve plantear alternativas de horario, por ejemplo mover el café a media mañana. Para que la respuesta sea útil, es clave llevar una lista de medicamentos, suplementos y bebidas con cafeína que se consumen a diario.

Al final, el café puede reducir la eficacia o aumentar efectos secundarios en fármacos muy usados. Separar tomas, ajustar horarios y pedir orientación profesional suele ser la vía más segura. Si aparecen cambios nuevos, lo prudente es actuar pronto, porque el objetivo es proteger el efecto del tratamiento y mantener estable la salud, sin renunciar al café cuando sí es compatible.

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