#Salud: Por qué siempre estás cansada aunque duermas 8 horas

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Se acuesta “a buena hora”, apaga la luz, y al día siguiente se levanta como si no hubiera dormido. En el trabajo, la cabeza va lenta; por la tarde, el sofá parece un imán. Ese cansancio constante desconcierta, sobre todo cuando, en teoría, lo está haciendo bien, incluso aunque duerma 8 horas.

La explicación suele estar en otro sitio. No solo cuenta el reloj, también la calidad del sueño, el nivel de estrés, lo que come, cuánto se mueve y, en algunos casos, una causa médica que pasa desapercibida. El cuerpo puede pasar muchas horas en la cama y aun así no “recargar” la batería.

Ocho horas no siempre significan sueño reparador

Dormir no es apagar y encender. El descanso se construye por etapas, y el cuerpo necesita continuidad para llegar a las fases más profundas, que son las que dejan una sensación real de recuperación. Si el sueño se fragmenta, el cerebro hace “pausas” que, aunque no siempre se recuerden, cortan el proceso.

Microdespertares, pantallas y horarios irregulares: el descanso se rompe sin que ella lo note

A veces se despierta varias veces, o se levanta con la boca seca, o siente el sueño ligero. También aparece la necesidad de cafeína muy temprano, como si el día empezara cuesta arriba. El móvil en la cama, la luz intensa por la noche, el ruido, el alcohol tarde o las cenas pesadas son clásicos que alteran el descanso. También lo hacen los cambios bruscos de horario entre semana y fin de semana. El cuerpo puede estar ocho horas acostado, pero sin recuperar energía.

Apnea del sueño: cuando la respiración se interrumpe y el cuerpo no llega a recuperarse

La apnea del sueño ocurre cuando la respiración se corta en pequeños episodios mientras se duerme. Eso obliga al cuerpo a “despertar” para volver a respirar, y el descanso pierde profundidad. Las señales típicas son ronquidos fuertes, pausas al respirar que otra persona observa, somnolencia diurna y dolor de cabeza al despertar. Si hay sospecha, conviene pedir una evaluación médica, sin intentar autodiagnosticarse.

Estrés, ansiedad y carga mental: el cuerpo duerme, pero el sistema nervioso sigue en alerta

Hay noches en las que ella duerme, pero por dentro sigue “encendida”. El estrés sostenido mantiene el sistema nervioso en modo vigilancia, y esa tensión pasa factura al día siguiente. La fatiga se mezcla con irritabilidad y falta de claridad mental, como si todo costara un poco más.

Foto Freepik

Cortisol alto, tensión y rumiación: el cansancio se acumula incluso con una buena rutina

El estrés crónico puede sostener el cortisol alto y dificultar un descanso profundo. Se nota en la mandíbula apretada, los hombros tensos, los sueños inquietos o el despertar temprano con la mente acelerada. A veces ayuda una rutina corta antes de dormir, con luz tenue, respiración lenta y un límite claro para trabajo y redes por la noche.

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Depresión y ansiedad: fatiga real, no falta de fuerza de voluntad

La salud mental también se siente en el cuerpo. Puede haber pérdida de interés, apatía, cambios de apetito, llanto fácil o un sueño que no repara. No es pereza ni falta de carácter. Pedir ayuda profesional forma parte del cuidado, y el tratamiento suele mejorar el sueño y la energía.

Causas físicas y nutricionales que se confunden con solo cansancio

Cuando la fatiga es diaria y dura semanas, conviene mirar más allá de los hábitos. En muchas personas, el problema está en “lo básico”: oxígeno, hormonas, vitaminas, inflamación o sedentarismo. En términos simples, si las células producen menos energía, el cuerpo lo nota en todo.

Anemia, tiroides y déficits de vitamina D o B12: lo básico que vale la pena revisar

El hierro ayuda a formar hemoglobina, que lleva oxígeno en la sangre. Si falta, aparece agotamiento, palidez o falta de aire al esfuerzo. El hipotiroidismo también baja el ritmo del organismo y puede dar sueño, piel seca y sensación de lentitud. La vitamina D y la B12, y en algunos casos el magnesio, influyen en energía y estado de ánimo. Si el cansancio limita la vida, conviene hablar con un profesional para valorar analíticas.

Inflamación, peso, sedentarismo y energía celular: cuando el cuerpo produce menos batería

El cuerpo transforma comida en energía utilizable (ATP). En cuadros de fatiga persistente, algunos estudios han observado señales de baja energía celular, con diferencias más marcadas en mujeres. En lo cotidiano, empeoran el cansancio una dieta muy procesada, poca proteína o fibra, poca luz solar y pasar demasiadas horas sin moverse. Sin obsesión, pequeños cambios sostenidos suelen marcar diferencia.

Sentirse cansada cada día, incluso con sueño reparador “en teoría”, no tendría que ser la norma. Si hay apnea del sueño probable (ronquidos y pausas), si el agotamiento dura meses, si hay somnolencia peligrosa al conducir, o si aparecen palidez, caída de cabello o ánimo muy bajo, conviene consultar. Revisar estrés crónico, posibles anemia o problemas de tiroides puede abrir una puerta clara: entender qué está drenando la energía y empezar a recuperarla con criterio.

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