“Estamos a 4 segundos y medio” #F1 #FVDigital

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Hay frases que en unos test se dicen en voz baja. Y hay otras que, directamente, no se dicen. Lance Stroll eligió el camino menos diplomático durante los test de Bahrein de Fórmula 1. Y el mensaje no fue precisamente optimista.

Aston Martin llegaba a la nueva era con ilusión renovada. El shakedown tardío en Barcelona dejó imágenes de un coche radical, agresivo en concepto y firmado por la nueva estructura técnica liderada por Adrian Newey. Pero en este reglamento el monoplaza es solo la mitad del puzle. La otra mitad ruge —o debería rugir— detrás del piloto.

Y ahí es donde empiezan los problemas.

El proyecto junto a Honda, en exclusiva para el equipo de Silverstone, está generando más dudas que certezas en este arranque. Ya en Barcelona, Stroll apenas pudo rodar antes de que el coche se detuviera, aunque Fernando Alonso pudo rodar con normalidad el siguiente día. En el primer día completo de test en Bahrein, el canadiense sumó solo 36 vueltas. Por la tarde, tras tres giros, el coche volvió al garaje. Diagnóstico: anomalía en la unidad de potencia. Horas después, desde el equipo confirmaron que hubo que cambiar el motor completo.

¿Qué pasó?:

Son test. Sí. También Mercedes o Red Bull han tenido contratiempos. Pero hay señales que no se pueden esconder. Mientras otros ya superan con facilidad los 330 km/h, el Aston Martin apenas alcanzó los 301 km/h de velocidad punta (aunque hoy Alonso puso el AMR26 a 318 km/h). Van capados. Y mucho.

Stroll no lo disfrazó.

“Ahora mismo parece que estamos a cuatro segundos del equipo de cabeza, cuatro y medio”, soltó. “Es imposible saber qué cargas de combustible llevan los demás, pero necesitamos encontrar cuatro segundos de rendimiento”. Cuatro segundos en Fórmula 1 no son un ajuste. Son un mundo.


El motor Honda no es el único problema de Aston Martin

El canadiense insistió en que el problema no es único ni simple. “Es una combinación de cosas. Motor, equilibrio, agarre. No es solo una cosa”. Cuando le preguntaron si parte del desequilibrio provenía del propio tren motriz, fue claro: “Sí, una parte importante, seguro”.

El nuevo reglamento, con un reparto 50% eléctrico y 50% térmico, convierte la integración del motor en un elemento crítico para el comportamiento del coche. No es solo potencia. Es cómo entrega esa potencia, cómo afecta al balance, cómo interactúa con la tracción y la frenada. Y ahí Aston está sufriendo.

Los datos también lo reflejan. En las tablas de tiempos —que siempre hay que leer con cautela en pretemporada— el equipo aparece lejos de referencias como Lando Norris o Charles Leclerc. Puede haber diferencias de programas, neumáticos o combustible. Pero la falta de vueltas sí es un hecho objetivo: arrastran alrededor de 400 giros menos que algunos rivales si se suma lo perdido en Barcelona.

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Lance Stroll, Aston Martin Racing

Foto de: Glenn Dunbar / LAT Images via Getty Images

“Estamos donde estamos y tenemos los problemas que tenemos”, resumió Stroll, sin dramatismo, pero sin maquillaje. “¿Queremos luchar por victorias? Sí. ¿Estamos luchando por victorias hoy? No lo parece”. No hubo ni siquiera consuelo en el balance de lo positivo. Cuando le preguntaron qué había aprendido del coche, respondió con ironía: “Hace sol, el tiempo es mejor que en el Reino Unido”. Sobre el monoplaza, apenas concedió: “La decoración es lo mejor”.

Eso sí, el piloto no pierde la fe estructural: “Tenemos todas las herramientas para luchar por victorias y campeonatos”. La infraestructura está. El talento técnico está. El socio está. Pero hoy, sobre el asfalto de Bahrein, la realidad es otra. “No tengo una bola de cristal”, admitió. “¿Puede cambiar en las próximas semanas? Seguro. ¿Va a mejorar al 100%? No lo sé”.

Aston Martin soñaba con dar el gran salto en esta nueva era. El coche es atrevido. El proyecto es ambicioso. Pero, de momento, el motor no acompaña. Y en Fórmula 1, sin potencia —y sin fiabilidad— no hay revolución que valga. Australia dirá cuánto han conseguido recortar. Hoy, el diagnóstico es claro y lo firma el propio piloto: faltan cuatro segundos.

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