Estados Unidos se encuentra al borde de lo que los expertos denominan “sextinción”, según advierte la neurocientífica sexual Debra Soh. Los datos revelan una crisis creciente: las personas experimentan períodos prolongados sin actividad sexual, con una cifra impactante de 1 de cada 3 hombres y 1 de cada 5 mujeres que no ha tenido relaciones en el último año, según la Encuesta Social General. Paralelamente, los niveles de testosterona disminuyen y la soledad alcanza máximos históricos.
Las redes sociales aparecen como uno de los principales responsables. “La idealización de estándares imposibles ha convencido a los hombres de que influencers con millones de seguidores podrían interesarse en ellos. Ha persuadido a las mujeres a dedicar tiempo solo a hombres que midan más de 1,80 metros y sean extremadamente ricos”, escribe la Dra. Soh en su libro “Sextinction: The Decline of Sex and the Future of Intimacy”, publicado esta semana.
Pero la tecnología va más allá. Las aplicaciones de citas representan otro desafío. “Nuestra psicología evolutiva ha tenido dificultades para dar sentido a deslizar cientos de parejas en una sola sesión —algo nunca antes posible en la historia”, explica Soh. Esta sobreabundancia de opciones genera un “desajuste entre nuestra historia ancestral y nuestro entorno tecnológico que abruma nuestra sensibilidad evolutiva”.
La pornografía también contribuye a esta “sequía sexual”. Soh, quien ha modificado su postura al respecto, advierte: “Especialmente para las generaciones más jóvenes, está deformando su sexualidad, condicionándolos a responder a pantallas e inclinándolos hacia prácticas riesgosas”.
El futuro se presenta aún más desafiante con el avance de la inteligencia artificial. Soh probó más de una docena de plataformas que ofrecen compañeros románticos de IA y observó cómo se volvían más realistas en semanas. “Tu pareja de IA puede verse y sonar exactamente como deseas. Si su respuesta no te gusta, pides que la repita”, describe. Este perfeccionamiento plantea un riesgo grave: “Muchas personas podrían terminar prefiriendo un compañero artificial a uno real”.
Más allá de las pantallas, factores ambientales invisibles estarían alterando nuestra biología. Toxinas presentes en plásticos (como el BPA), residuos farmacéuticos en aguas y componentes de la soya —que pueden imitar al estrógeno— están asociados a problemas de fertilidad y cambios hormonales, incluso en generaciones futuras. “Si los animales expuestos a estas toxinas muestran efectos, ¿por qué los humanos seríamos inmunes?”, cuestiona Soh.
La experta es categórica: la recesión sexual se agudizará porque “la tecnología solo avanza”. Las consecuencias trascienden lo individual, afectando la fertilidad colectiva y la conexión humana esencial. “Al final, anhelamos ser comprendidos y apreciados. Cuanto más reemplacemos esto con distracciones digitales, peor será el efecto rebote. Las repercusiones biológicas nos perseguirán”, sentencia.
El diagnóstico final es claro: “Los seres humanos necesitamos interacción cara a cara, mirarnos a los ojos, escuchar nuestras voces. No estamos destinados a escondernos detrás de pantallas”.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


