#Salud: ¿Cuántas veces hay que comer al día para bajar de peso?

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No existe un número mágico de comidas que garantice bajar de peso. La pérdida de grasa ocurre cuando, de forma sostenida, se consume menos energía de la que se gasta, y cuando la alimentación tiene buena calidad. La idea de “comer más veces para acelerar el metabolismo” suena bien, pero no se sostiene igual de bien en la práctica. La frecuencia ideal depende del hambre real, los horarios, la actividad diaria y, sobre todo, de lo fácil que sea mantener el plan sin ansiedad ni atracones.

Lo que de verdad hace que se baje de peso, más allá del número de comidas

El peso baja cuando la persona mantiene un déficit calórico razonable, sin caer en dietas caóticas. Repartir las mismas calorías en tres o en seis tomas no cambia de forma relevante el gasto total del día, según comparaciones recientes en las que se igualaron calorías y se midieron resultados. En otras palabras, el “pastel” energético diario pesa más que el número de cortes. Lo que sí cambia es la saciedad y la calidad de la dieta, porque no es lo mismo repartir comida casera que repartir picoteos.

El mito de “comer muchas veces acelera el metabolismo”

El mito parte de una confusión: el cuerpo usa energía para digerir, pero ese coste depende del total ingerido, no de cuántas veces se coma. Fraccionar no hace que “queme” más por arte de magia. Además, comer más veces puede ayudar a quien llega con mucha hambre a las comidas principales, pero también puede abrir la puerta a ultraprocesados y a porciones que se van sumando sin darse cuenta si no hay planificación.

3 comidas, 5 comidas o 2 comidas, cuándo puede funcionar cada opción

Tres comidas suelen encajar en mucha gente porque simplifican decisiones y facilitan controlar el total. Cinco comidas pueden servir si la persona nota bajones de energía o si necesita repartir mejor para evitar llegar “con el lobo” a la comida o la cena, siempre que esos extras estén pensados y no sean improvisados. Dos comidas también pueden funcionar en quien prefiere platos más grandes y no disfruta de snacks, pero conviene vigilar que no aparezca hambre intensa que termine en atracones. La mejor señal es la adherencia: lo que se puede sostener, se convierte en hábito.

Ayuno intermitente, útil para algunos, no una solución mágica

El ayuno intermitente puede ser una herramienta si ayuda a reducir calorías sin sufrimiento, por ejemplo, concentrando la ingesta en una ventana de alimentación. Aun así, no funciona por “magia”, funciona si el total del día cuadra y la calidad nutricional se mantiene alta. Comer una sola vez al día no suele recomendarse para la mayoría, porque puede traer fatiga, peor reparto de nutrientes y efecto rebote. Si hay diabetes, embarazo, medicación o antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, conviene consultarlo.

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Foto Freepik

La hora de la cena y el picoteo, dos detalles que cambian el resultado

El horario influye más de lo que parece. Cenar muy tarde y con mucha carga puede empeorar la digestión y el descanso, y al día siguiente aumentar el apetito. Por eso suele recomendarse una cena temprana y ligera, idealmente con margen antes de acostarse. El “picoteo” no es el enemigo automático: puede ser parte de un plan si se eligen snacks nutritivos y se mantienen dentro del total diario. El problema suele ser el picoteo sin hambre real, rápido y delante de una pantalla, que suma calorías sin dejar recuerdo de saciedad.

¿Cómo elegir comidas que llenen con menos calorías?

Para comer menos sin sentir castigo, suele ayudar construir platos con proteína suficiente, mucha fibra y buen volumen: verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, junto a grasas saludables en cantidad moderada. Esta combinación llena más, dura más y facilita que el déficit ocurra casi “en silencio”. Instituciones como Harvard T.H. Chan y entidades como la FEN insisten en esa base: alimentos poco procesados y patrones sostenibles.

La frecuencia ideal es la que la persona puede mantener con constancia. Si al probar un esquema durante dos o tres semanas mejora el control del hambre, el sueño y la energía, va por buen camino. Si aparece irritabilidad, atracones o cansancio, conviene ajustar horarios, porciones y elección de alimentos con más planificación y menos rigidez.

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