#Mundo:Francia, Reino Unido o España hacen de ‘avanzadilla’ para que la UE vuelva a acercarse a China… y mande otro aviso a Trump #FVDigital

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La Unión no quiere atarse a nadie y la lejanía cada vez más palpable respecto a Estados Unidos obliga a reenfocar estrategias; y en esa terna aparece China, que para muchos es la solución… aunque para otros sigue siendo parte del problema. Según fuentes comunitarias consultadas por 20minutos, las relaciones entre la UE y China atraviesan una fase más tranquila tras un 2025 especialmente complejo, en el que la cumbre UE-China arrojó resultados más bien tímidos e incluso algunas voces tildaron de “fracaso”. Han bajado las tensiones en asuntos sensibles como el coche eléctrico o el acceso a las tierras raras, y en Bruselas vuelve a escucharse con fuerza la llamada doctrina Sinatra: cooperar donde se pueda y competir donde sea necesario. La idea que gana terreno es que existen ámbitos en los que conviene entenderse con Pekín, sin plantearlo como una disyuntiva excluyente entre China o Estados Unidos. Insisten: no se trata de un aviso para Donald Trump.

En ese contexto, varios gobiernos europeos se muestran abiertos a una relación más cercana con China, una senda que en su día ayudó a abrir Pedro Sánchez y que ahora siguen líderes como el presidente francés Emmanuel Macron, el británico Keir Starmer o el finlandés Petteri Orppo, que han viajado recientemente a Pekín, mientras que el canciller alemán Friedrich Merz lo hará en breve. Queda por ver si les seguirá en algún momento la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El mensaje común es que no se trata de alejarse de Washington, sino de diversificar alianzas en un escenario internacional más fragmentado, lo que algunos interpretan ya como una fase de mayor pragmatismo. Con todo, persiste un gran temor en las capitales europeas: la creciente cercanía estratégica entre Rusia y China y las implicaciones que esta puede tener para la seguridad y el equilibrio global, sobre todo respecto a la invasión de Ucrania.

Pedro Sánchez, de hecho, tiene previsto volver a Pekín en abril en el que será su cuarto viaje al país en tres años, según ha confirmado Moncloa; España se convirtió hace meses en objetivo de críticas por iniciar una estrategia paralela al alejamiento de Estados Unidos y, por ende, basada en un nuevo acercamiento a China. Es algo que en Francia también ven con buenos ojos, sobre todo después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, apostase por el pragmatismo y por grandes acuerdos comerciales con el gigante asiático.

En la cumbre del año pasado por los 50 años de las relaciones entre la UE y China, Ursula von der Leyen desde Pekín no quiso entrar en polémicas, como si supiera que el “no hacerse daño” iba a empezar a ser la estrategia a seguir por parte de Bruselas. “Europa y China son dos de las tres mayores potencias económicas y comerciales del mundo. Y nuestra relación es una de las más importantes y trascendentales del mundo”, se limitó a decir entonces.

“Europa ha apoyado el desarrollo económico de China durante décadas y sigue haciéndolo. Pero a medida que nuestra cooperación se ha profundizado, también lo han hecho los desequilibrios. Hemos llegado a un punto de inflexión. Es esencial reequilibrar nuestra relación bilateral. Para que sea sostenible, las relaciones deben ser mutuamente beneficiosas. Para lograrlo, es fundamental que China y Europa reconozcan sus respectivas preocupaciones y presenten soluciones reales”, añadió. De hecho, se ha suavizado en los últimos meses también el choque respecto a la investigación de Bruselas sobre las subvenciones al coche eléctrico chino, un gran caballo de batalla de la Comisión, que acusó al Gobierno de Xi de “competencia desleal”.

¿Es esa mano tendida, o al menos calma, de la UE a China un aviso a Donald Trump? Puede ser, pero hay matices. Juan Vázquez, profesor en la Universidad Camilo José Cela y doctorado en Economía y analista en El Orden Mundial explica a este periódico que es muy difícil que China “sustituya a Estados Unidos” porque este es un país donde la UE, digamos, “puede colocar parte de su producción”, todo lo contrario que China. Y es que Pekín tiene implicaciones concretas. “Hay sectores clave, sobre todo automóviles renovables, que dañan mucho a la industria alemana”, por concretar en países, porque Alemania era un país dominante en esos sectores y “ahora tiene un gran competidor que le está comiendo la tostada y esto afecta al propio modelo de crecimiento alemán”. Entonces Alemania y Europa en general tienen que replantearse mucho esto y “el abrirse simplemente a China no es la solución”. Vázquez lo ve, de hecho, bastante problemático.

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“China lo que está intentando para evitar el aranceles es, por ejemplo en el caso de los automóviles, abrir fábricas en países conectores, países que tengan acceso a mercados grandes y que tengan acuerdos de libre comercio, como Marruecos, para entrar en la UE; Hungría para exportar a países europeos, Turquía también”, resume. Entonces, como la Unión es consciente de que China hace esto, podría incluso negociar directamente para que Pekín “empiece a invertir en Europa a través acuerdos con empresas europeas a medias”.

Es más, la China de Xi y los EEUU de Trump no son tan diferentes, y eso es algo que en Bruselas repiten las voces que más recelan de un acercamiento a Pekín. Ambos líderes mantuvieron un conversación “extremadamente buena” esta misma semana, según confirmó el propio Trump, que espera, dijo, “muchos resultados positivos” de esos contactos con quien, en realidad, también es su rival estratégico. “Estoy dispuesto a trabajar con ustedes para seguir guiando las relaciones entre China y Estados Unidos a través de las tormentas y asegurar su progreso sin contratiempos, así como para lograr resultados más significativos y beneficiosos”, concluyó por su parte Xi Jinping.

Más tensiones que con nadie

Por otro lado, los datos están llenos de avisos para la UE: ¿de verdad hay o tiene que haber un acercamiento a China? Quizá no del todo. Y es que un índice mensual publicado esta semana por el Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (CCPIT) situó al bloque comunitario como la principal fuente de tensiones comerciales de China entre 20 economías durante el último año. El bloque ocupó el primer lugar en el índice de fricción comercial, causado principalmente por investigaciones antisubvenciones y antidumping. Las lecturas fueron elevadas en materiales semiconductores, imanes de tierras raras y productos de pantallas de cristal líquido, según mostró la encuesta del organismo comercial afiliado al Ministerio de Comercio. “Las medidas irrazonables y discriminatorias dirigidas a las empresas chinas por parte de la UE han aumentado efectivamente”, expuso sobre esto el portavoz del CCPIT, Wang Wenshuai.

Las tensiones se intensificaron en septiembre después de que el gobierno neerlandés tomara temporalmente el control de Nexperia, un fabricante de chips de propiedad china, lo que desencadenó una disputa sobre los controles a la exportación. Pekín había introducido anteriormente estrictos requisitos de licencias para las exportaciones de tierras raras -ampliamente considerados como una respuesta a los aranceles estadounidenses-, complicando el acceso para los fabricantes europeos. Ambas partes acordaron mantener conversaciones “urgentes” en Bruselas en octubre, seguidas del anuncio de China de una pausa de 12 meses en la ampliación de los controles a la exportación de tierras raras y la confirmación de la reanudación de algunas exportaciones de Nexperia a la Unión Europea.

En enero, Bruselas lanzó formalmente su Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, que exige a los importadores de bienes intensivos en carbono informar sobre las emisiones incorporadas y, con el tiempo, pagar un precio por el carbono. El CCPIT, asimismo, acusó a la UE de establecer valores predeterminados de intensidad de carbono “significativamente inflados”, que se espera aumenten en los próximos tres años, y de clasificar a algunas empresas chinas como proveedores de “alto riesgo” sin pruebas, restringiendo su papel en sectores como la energía, el transporte y el 5G. Con todo eso, el acercamiento a China puede ser una opción frente a Trump… pero no está claro si es la mejor. Por lo pronto, muchos gobiernos nacionales ya testean el terreno.



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