#Salud: 7 pasos para una separación sin conflictos

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Un divorcio amistoso (o de mutuo acuerdo) permite poner fin al matrimonio sin convertir la ruptura en una pelea. Suele ser más rápido, menos caro y menos tenso que un contencioso porque se apoya en pactos claros y firmados, en vez de dejar que un juez decida todo. Cuando hay hijos, el objetivo no es “ganar”, es ordenar la vida familiar con reglas estables y previsibles, para reducir roces desde el primer día.

Antes de empezar, comprobar si el divorcio amistoso encaja en el caso

En España, el divorcio de mutuo acuerdo exige algo muy concreto: que ambos estén de acuerdo con la ruptura y con sus efectos prácticos. Eso implica pactar dinero, vivienda, bienes y, si existen, medidas sobre hijos menores. También se aplica el requisito general de que hayan pasado tres meses desde el matrimonio, salvo situaciones graves que aconsejen actuar antes. Este camino es para matrimonios, no para parejas de hecho. Si hay menores, interviene el juzgado para revisar que el convenio regulador protege su interés; si no hay un pacto real y completo, el proceso se atasca y puede acabar derivando a un procedimiento contencioso.

Qué decisiones deben estar cerradas para evitar discusiones después

Conviene dejar cerrado quién convive con los hijos y cuándo, cómo se paga la pensión de alimentos y los gastos extra, quién usa la vivienda familiar, y cómo se reparten bienes y deudas. A veces también hace falta fijar una pensión compensatoria y acuerdos sobre mascotas, si las hay. Los pactos de palabra suelen fallar cuando llegan las prisas o cambian los ingresos, por eso interesa redactar todo por escrito con un lenguaje simple, medible y fácil de acreditar.

Los 7 pasos prácticos para una separación sin conflictos

Para llegar a un divorcio amistoso sólido suelen encadenarse siete pasos. Primero, hablar y pactar todo con calma, sin dejar flecos “para luego”. Segundo, elegir una asistencia legal adecuada; en España, en la vía judicial a menudo basta con un abogado y procurador, y el profesional revisa que el acuerdo sea legal y equilibrado. Tercero, redactar y revisar el convenio regulador, que actúa como el guion de la nueva etapa. Cuarto, reunir la documentación básica, identidad, certificado literal de matrimonio, certificados de nacimiento de los hijos si los hay, y empadronamiento o prueba de domicilio.

Quinto, presentar la demanda de mutuo acuerdo en el juzgado competente. Sexto, realizar la ratificación del convenio cuando corresponda ante el juzgado, porque esa confirmación personal evita malentendidos y refuerza la seguridad jurídica. Séptimo, inscribir la resolución en el Registro Civil, para que el divorcio tenga efectos frente a terceros. Con el expediente bien preparado, a menudo puede resolverse en semanas o pocos meses.

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Foto Freepik

¿Cómo mantener el tono cooperativo durante el proceso, especialmente con hijos?

Un tono cooperativo se sostiene con mensajes breves y sin reproches, centrados en el bienestar de los hijos. Ayuda hablar de rutinas (cole, actividades, médicos) en vez de discutir sobre el pasado. También conviene dar a los niños una explicación coherente y compartida, sin pedirles que elijan bando. Si el diálogo se bloquea, la mediación puede desbloquear puntos concretos. Cuando hay menores, el juez y, si procede, el fiscal revisan que las medidas sean razonables y protectoras.

Errores que convierten un divorcio amistoso en una guerra, y cómo evitarlos

Muchos conflictos nacen por empezar sin información financiera completa, ocultar deudas, o dejar sin cerrar la vivienda o los gananciales. También crea problemas no concretar los gastos extraordinarios de los hijos, o firmar sin entender el alcance fiscal y patrimonial. La salida suele ser menos épica y más eficaz: transparencia, papeles encima de la mesa, cálculos realistas y revisión profesional del convenio. Si el acuerdo se rompe, el caso puede pasar a contencioso, con más desgaste emocional y más coste.

El divorcio amistoso funciona cuando hay acuerdos completos, un convenio regulador claro y una tramitación ordenada. Con asesoramiento, el proceso gana en seguridad y reduce sorpresas, que es lo que más alimenta los conflictos cuando ya hay dos vidas reorganizándose.

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