El único rastro visible en San Francisco de la policía de inmigración y aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) es un anuncio en una pantalla gigante de Fisherman’s Wharf, cerca de sus muelles llenos de turistas. En ella aparecen un policía y el … mensaje en mayúsculas: ‘Jugador defensivo del año: ICE‘.
Es un guiño humorístico al desembarco en la ciudad del norte de California de la Super Bowl, que se disputa este domingo en el estadio del equipo local, los San Francisco 49ers, en la cercana Santa Clara. Durante la semana, el centro de la ciudad está tomado por los eventos alrededor de la final del deporte rey en EE.UU., el fútbol americano. Entre otros, la elección del mejor jugador defensivo del año, que estaba previsto que se diera a conocer este jueves por la noche.
El anuncio, que ha provocado polémica en la ciudad, lo ha pagado ‘Soberanía Estadounidense’, un grupo conservador que apoya la mano dura en política migratoria y respalda la labor del ICE.
En el distrito de Misión, el barrio mexicano por antonomasia de San Francisco, la broma no hace mucha gracia. «La gente tiene temor, hay un miedo latente», explica Margarita, que organiza un grupo de reparto de alimentos para personas sin recursos. Muchos de ellos, inmigrantes indocumentados. En las últimas semanas, hay menos gente que viene al banco de comida. «No hacen actividades normales por temor».
Ese miedo recuerda a la situación en Mineápolis, donde las redadas masivas decretadas por Donald Trump -ahora suavizadas- han paralizado durante semanas a la comunidad inmigrante. La gente no iba al trabajo, ni llevaba a los hijos a la escuela, ni acudía a la iglesia. Era algo similar a lo que se vivió en Los Ángeles el pasado junio o en Chicago un poco después. Ciudades con mucha presencia de inmigrantes, sacudidas por redadas agresivas.
La diferencia es que en San Francisco no se están produciendo esas redadas. «Sí que hay paranoia», reconoce Marisol, una trabajadora social que apoya a inmigrantes indocumentados. Habla de episodios en los que policías de la oficina del sheriff salían a comer burritos y los trabajadores huían creyendo que eran del ICE. También cuenta rumores sobre la presencia de los agentes federales en un autobús municipal con jóvenes que volvían del instituto.
La paranoia llega hasta a ella misma: prefiere no decir el nombre de la organización para la que trabaja, para que no la ‘fiche’ el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que depende el ICE.
«Si han hecho eso a los blancos de Minnesota, imagínese a nosotros», señala refiriéndose a la muerte de dos vecinos de Mineápolis, blancos, ciudadanos estadounidenses, por disparos de agentes federales, en ambos casos tragedias innecesarias.
Presencia del ICE en la Super Bowl
Los capos de la NFL, la organizadora de la Super Bowl, son conscientes de la sensibilidad especial del partido de este año. Se jugará en la ciudad ‘progre’ por excelencia de EE.UU., con comunidades de inmigrantes muy asentadas, en medio de la conmoción nacional por los episodios de Mineápolis. Y con un espectáculo del descanso, entregado a Bad Bunny, que podría tener mucho colmillo político y migratorio.
En una rueda de prensa en Moscone Center, el centro de convenciones que acoge todas las actividades paralelas de la Super Bowl, comparece Cathy Lanier, la directora de seguridad de la NFL, para calmar los ánimos sobre la posible presencia del ICE en la finalísima. «No hay operaciones migratorias del ICE alrededor de la Super Bowl ni de ninguno de sus eventos», asegura.
Es algo que colea desde el pasado verano, cuando la NFL eligió a Bad Bunny -enemigo declarado de Trump- para el show del descanso. Entonces, la secretaria del DHS, Kristi Noem, aclaró que el ICE estaría «por todos lados» en la Super Bowl.
La realidad es que sí hay agentes del ICE en San Francisco y que tendrán una presencia reforzada en la Super Bowl. Pero Jeffrey Brannigan, el coordinador federal del DHS, aseguró al lado de Lanier que sus operaciones son estrictamente de apoyo a la seguridad en la Super Bowl, no de cumplimiento de la ley migratoria.
Atmósfera en el distrito de Misión
De vuelta en Misión, a muchos ni les interesa el fútbol americano -les gusta más el otro, el que se juega de verdad con el pie, el del Mundial del verano- ni les preocupa el ICE. «Aquí está todo tranquilo», declara Javier, sentado con otros veteranos a la fresca, delante de la panadería La Mejor, con la fachada coronada, como tantos negocios aquí, con una imagen de la Virgen de Guadalupe. «No hay problema», insiste antes de poner a sonar el ‘A mí manera’ de Frank Sinatra en versión salsa.
«¡Aquí los corren a los federales!», asegura confiado un amigo sentado al lado, que abre una lata de cerveza. «Lo que pasa es que los multimillonarios de aquí, que le han dado mucho beneficio a Trump, le han dicho que no haga eso del ICE», explica Javier.
Una taquería en el distrito de Misión
La realidad es que el clima de este corazón hispano de San Francisco no tiene nada que ver con el de los barrios hispanos de Mineápolis hace un par de semanas. Y no es por los 20 grados bajo cero de allá y los 20 grados de aquí. Aquello eran aceras fantasmas, donde se respira miedo. Aquí, en la calle 24, se percibe normalidad. La gente que sale del metro, la conversación a la puerta de la tienda, el bullicio en las taquerías.
«La gente no se queda en casa, sí sale, sí va a trabajar», asegura Lucía, que regenta un ‘todo a cien’. «Pero con miedo», apostilla. Enfatiza que la Super Bowl, el día grande del año en EE.UU., es motivo de preocupación: «Hay más agentes, hay más atención. Para nosotros, hay más peligro».


