#Mundo:Epstein resucitado | Opinión de Lucía Casanueva #FVDigital

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El archiconocido Jeffrey Epstein se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, pero en realidad, no ha muerto. Ha resucitado. Circula un nuevo reguero de víctimas por la desclasificación de documentos del pedófilo. En el Reino Unido, el exministro Peter Mandelson perderá el título de lord y dejará su escaño en la Cámara que los representa; el expríncipe Andrés de Inglaterra ha sido desalojado por la puerta de atrás del Royal Lodge tras conocerse más datos de la intensa relación con Epstein; los noruegos ya no quieren a Mette-Marit como reina… ¿Hasta dónde llegará el Epsteingate? 

Lo que está claro es que el bueno de Jeffrey no elegía a sus “víctimas” al azar. Todos tenían un hilo conductor: pertenecían a la élite. En sus derivadas financiera, social, política y royal El pedófilo leía bien a sus presas y conseguía resultados para sus “amigos”: ser admitido como socio en un club, comprar una embarcación; obtener información privilegiada; facilitar un negocio, fondos para una campaña electoral… En algo recuerda al caso Madoff con una perversión adicional: un viaje a la isla privada de Epstein para disfrutar de prostitutas y abusos sexuales a menores sin ningún miedo a las consecuencias. Los usos y costumbres establecidos para el común de los mortales no aplicaban a los “amigos” de Epstein… o quizá sí. 

Este caso trae y va a traer cola por el listado de nombres que incluye. Podemos asimilarlo a una comunicación de crisis global mal gestionada. ¿Dónde estriba el problema? En que la mayoría de los salpicados no han dicho toda la verdad. Y de esos polvos… estos lodos. ¿Cómo se debería haber gestionado? En primer lugar, con transparencia: revelar todos los detalles conocidos sobre los contactos (fechas, naturaleza de las interacciones, correos o estancias en propiedades de Epstein) sin omisiones, para prevenir “goteos” de información que prolonguen la agonía. 

Posteriormente, los implicados en la trama deberían asumir responsabilidad personal: uno debe saber quiénes son sus amigos y a qué se dedican. Máxime si eres una persona de relevancia pública.

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El proceso de restauración de la reputación debe ir seguido de la empatía hacia las víctimas: expresar solidaridad con los que no podían defenderse. En todo es fundamental un mensaje claro y conciso: limitar la declaración a una idea-fuerza como: “Lamento profundamente mi asociación y asumo responsabilidad”, sin circunloquios ni divagaciones que diluyan el impacto. 

También serán necesarias acciones correctivas visibles: anunciar pasos concretos a dar como donaciones a organizaciones de apoyo a víctimas de abuso o participación en campañas contra la explotación sexual. Demostrar arrepentimiento real más allá de las palabras.

La lista de salpicados por este caso es contundente y planetaria: Trump, Clinton; Gates, Stephen Hawking o Elon Musk además de los anteriormente mencionados… tendrán que hacer un esfuerzo por explicar su relación con el pedófilo reconociendo que escándalos como este pueden llevar al traste una imagen pública forjada a lo largo de una vida. En una grabación que ahora ha visto la luz entre los archivos desclasificados, Steve Bannon, el que fuera asesor de Donald Trump, le pregunta a Epstein: “¿Crees que eres el mismísimo diablo?” a lo que el pedófilo responde sonriendo: “No. Pero sí tengo un buen espejo”. Para ponerse a temblar y es que la primera obligación de cualquiera que se considere “élite” del francés para designar a la minoría selecta o rectora es saber con quién se está jugando los cuartos



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