#Salud: Por qué los músculos duelen más en invierno y qué puedes hacer para aliviarlo

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En los días fríos es habitual levantarse con el cuerpo “tieso”, como si los músculos fueran cuerdas demasiado tensas. A veces también aparece ese fastidio después de estar un rato sentado o tras salir a la calle sin haber entrado en calor. El frío no “entra” en el músculo como si fuera un enemigo escondido; lo que ocurre es que el organismo activa respuestas normales para conservar temperatura, y eso reduce la elasticidad y aumenta la sensación de dolor. Entenderlo ayuda a actuar con medidas simples y realistas.

¿Qué cambia en el cuerpo cuando baja la temperatura y por qué duele más?

Cuando desciende la temperatura, el cuerpo prioriza proteger el calor interno. Esa decisión tiene un precio en la periferia, donde músculos y tendones pueden sentirse menos “listos” para moverse. La rigidez aparece con facilidad al despertar o tras inmovilidad, y se nota más si se pasa de estar quieto a exigir un esfuerzo de golpe.

Además, el temblor por frío funciona como un pequeño entrenamiento involuntario. Si se mantiene, puede dejar una molestia similar a unas agujetas suaves. En algunas personas también influye el clima invernal en general, por ejemplo, los cambios de presión atmosférica pueden hacer que las molestias previas se perciban con más intensidad, sin que eso signifique una lesión nueva.

Vasoconstricción, menos calor en la periferia y músculos más rígidos

Con frío, los vasos sanguíneos de la piel y las extremidades se estrechan para conservar calor central. Por eso piernas, zona lumbar o cuello pueden sentirse “de madera”, sobre todo después de estar quieto.

Brividos y tensión, cuando el cuerpo se calienta a base de contracciones

El temblor es una defensa: contracciones rápidas para generar calor. Si dura bastante, esas micro-contracciones pueden dejar indolencia y una tensión incómoda, como tras un esfuerzo ligero pero continuo.

¿Cómo distinguir un dolor típico del frío de una señal de alerta?

El dolor muscular en invierno no siempre es “por el frío”. Cuando se trata de rigidez leve o moderada que mejora al moverse, y no hay otros síntomas, lo más común es que sea una respuesta funcional: músculo frío, menos elástico, que se va soltando.

Si el dolor es difuso, afecta a varios grupos musculares y se acompaña de fiebre, escalofríos, cansancio fuerte o síntomas respiratorios, encaja más con mialgias por una infección estacional. En ese caso el frío puede hacer que se note más, pero no suele ser la causa principal. Y si el dolor es localizado y aparece tras un esfuerzo, una postura mantenida o un entrenamiento poco progresivo, puede tratarse de sobrecarga, contractura o DOMS (dolor muscular tardío).

Foto Freepik

Cuándo suele ser solo rigidez y cuándo puede ser un resfriado o gripe

La rigidez típica mejora con movimiento y calor. En cambio, el dolor generalizado con fiebre y escalofríos sugiere un cuadro general, y suele pedir reposo, hidratación y prudencia con el ejercicio.

Síntomas que justifican pedir una valoración médica

Conviene consultar si aparece dolor muy intenso o que no mejora en pocos días; debilidad marcada, hormigueo o pérdida de sensibilidad; fiebre alta con dolores generalizados; hinchazón, enrojecimiento, calor local o dolor tras un golpe; signos de enfriamiento importante como escalofríos incontrolables o confusión.

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Qué hacer para aliviar el dolor muscular en invierno sin complicarse

La estrategia más útil suele ser progresiva. Primero, calor local y movimiento suave para recuperar temperatura y confianza. Después, un calentamiento gradual antes de cualquier actividad más exigente. Una ducha tibia o un baño caliente (si no hay contraindicaciones personales) puede ayudar a relajar y a reducir esa sensación de tirantez. La movilidad articular suave funciona como “aceite” para una bisagra fría, no hace magia, pero facilita el arranque.

Si el dolor molesta de verdad, puede valorarse un analgésico de venta libre siguiendo indicaciones y contraindicaciones individuales. Si hay enfermedades previas o medicación habitual, lo sensato es pedir consejo sanitario.

También conviene desconfiar de la “frío-terapia” intensa cuando el cuerpo ya está tenso o cansado. Sin calentamiento y sin vuelta a la calma, la exposición fuerte al frío puede aumentar la rigidez en lugar de aliviarla.

Calor y movimiento suave, el combo que más suele funcionar

Una caminata tranquila, unos minutos de movilidad suave y calor local suelen ser suficientes para que el músculo se relaje. Mejor empezar corto y aumentar según la respuesta del cuerpo.

Rutinas que previenen recaídas, incluso con poco tiempo

La continuidad pesa más que el heroísmo de un día. Moverse a diario, abrigarse bien y cambiar la ropa húmeda tras entrenar evita enfriamientos bruscos. También ayuda entrar y salir del ejercicio de forma gradual, sin pararse en seco al aire libre.

El frío favorece la rigidez por mecanismos normales, no por un “daño” directo. Con calor, movimiento gradual y algo de constancia, la mayoría nota alivio en poco tiempo. Si el dolor no cede o aparecen señales de alarma, la opción más segura es pedir una valoración profesional.

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