Perder pelo a diario no es, por sí solo, una mala señal. En una cabeza suelen convivir entre 100.000 y 150.000 cabellos, y lo habitual es que se desprendan unos 50 a 100 al día por el recambio natural del folículo. Cada hebra pasa por fases de crecimiento, transición, reposo y caída, como si el cuero cabelludo trabajara por turnos. El problema aparece cuando la pérdida se intensifica, se alarga varias semanas o cambia el patrón, porque a veces hay una causa de salud concreta y tratable. Conviene fijarse en ciertas señales antes de asumir que todo es “estrés”.
Cómo saber si la caída es normal o si conviene consultar
Cuando el pelo se afina arriba, la raya se ensancha o aparecen entradas nuevas, la caída ya no se comporta como un simple recambio. También llama la atención ver caída difusa persistente, notar mechones al lavar o peinar, o detectar placas redondeadas sin pelo. Si el cuero cabelludo presenta descamación marcada con picor, dolor, enrojecimiento o costras, la raíz puede estar en la piel y no en el ánimo. En algunos casos, el efluvio telógeno da una caída general y temporal tras un “disparador” del cuerpo (fiebre alta, cirugía, sangrado, cambios hormonales o ciertos fármacos), y suele notarse más pasados unos meses.
El ciclo del cabello y por qué a veces se cae más de golpe
El folículo alterna fases, primero produce pelo en anágeno, luego frena, descansa y finalmente lo suelta. Esa etapa de reposo, llamada telógeno, explica por qué en ciertos momentos se pierde más sin que haya calvas claras. Si muchos folículos cambian de turno a la vez, el cepillo se convierte en un “parte de bajas” y la sensación asusta, aunque el origen pueda ser transitorio.
Causas médicas frecuentes: hormonas, déficits y enfermedades crónicas
Varias causas de salud se confunden con nervios o cansancio. Los problemas de tiroides pueden volver el cabello más fino, seco y frágil, con caída general. Tras el postparto, es común notar menos volumen, hasta en 1 de cada 2 mujeres, sobre todo entre los meses siguientes al nacimiento, por el ajuste hormonal. En etapas como menopausia o en casos de SOP, el cambio hormonal también altera densidad y grosor. En paralelo, los déficits alimentarios o de absorción cuentan mucho: la anemia ferropénica por bajo hierro se asocia a caída y a un crecimiento más lento. Por eso el médico suele pedir una analítica de hierro y vitaminas cuando sospecha carencias. La diabetes también puede influir, por cambios en la circulación y por mayor riesgo de infecciones del cuero cabelludo.
Efluvio telógeno: la caída ‘en conjunto’ tras un evento del cuerpo
El efluvio telógeno suele aparecer después de fiebre alta, cirugía, hemorragias, dietas muy restrictivas, cambios hormonales o problemas para absorber proteínas, vitaminas o minerales. La caída puede aumentar semanas o meses tras el evento, lo que despista. Aun así, a menudo es reversible cuando se corrige el desencadenante y se recupera el equilibrio, sin prometer resultados inmediatos ni iguales para todo el mundo.
Cuando el sistema inmune o la piel del cuero cabelludo están implicados
Hay cuadros en los que el folículo es el objetivo de la inflamación. La alopecia areata es un trastorno autoinmune que suele dar parches bien definidos y, a veces, afecta cejas o pestañas. Otras enfermedades como lupus, liquen plano pilar o esclerodermia pueden inflamar la zona y, en algunos casos, dejar pérdida cicatricial si no se controlan. En cambio, la psoriasis y la dermatitis seborreica no siempre “crean” calvicie, pero los brotes, las escamas y el rascado sostenido favorecen el desprendimiento. Cuando se calma la piel, el pelo suele recuperar parte del terreno.
Infecciones que conviene descartar si hay placas o descamación
La tiña del cuero cabelludo puede causar placas con descamación, picor y pelo quebrado, y requiere tratamiento médico. También existen infecciones sistémicas que, en ciertos casos, se asocian a caída, como VIH y sífilis. No se trata de alarmar ni de estigmatizar, sino de recordar que el diagnóstico importa y que una historia clínica bien hecha orienta las pruebas necesarias.
Qué hacer a partir de hoy: pasos simples antes de autodiagnosticarse
Conviene observar el patrón y la duración, y anotar cambios recientes, como parto, fiebre, cirugía o una nueva medicación. También ayuda evitar peinados que tiren, el rascado y los tratamientos agresivos mientras se aclara la causa. Si hay placas, descamación intensa, dolor o caída sostenida, lo sensato es pedir cita con un dermatólogo o con medicina de familia. El especialista puede explorar el cuero cabelludo, valorar densidad y calibre del pelo, y solicitar una analítica (hierro, vitaminas, función tiroidea) según el caso para ajustar el abordaje.
El estrés puede influir, pero no explica todo. Detrás de la caída del cabello a veces hay hormonas, déficits, inflamación o infecciones que se pueden identificar. Cuando se actúa pronto, el plan suele ser más claro y el pronóstico, más favorable. Ante señales de alarma, consultar a tiempo protege tanto el pelo como la salud general.


