
Hay una parte de la derecha en el Reino Unido que admira y celebra a Donald Trump y su ideología. Aplauden sus ataques contra las universidades “woke” y le ven como un “perturbador” que agita de manera positiva a organizaciones multilaterales como la OTAN y la ONU, que han perdido eficacia.
Incluso algunos comentaristas no podían más de gusto cuando el presidente norteamericano, de repente, atacó la semana pasada a la decisión del gobierno laborista de Keir Starmer de devolver el archipiélago de Chagos, en el océano Índico, a Mauricio, a pesar de haberla apoyado antes. “Quería ser el ‘encantador de Trump’, pero ahora el presidente ha llamado ‘estúpidas’ las políticas de Starmer, humillándole“, dijo Tim Stanley, presentador del pódcast del periódico de derechas The Telegraph.
En realidad, mucha de la humillación de Starmer venía más bien de las metáforas y la sátira de los comentaristas de esa cuerda. Stanley y su copresentadora, Camila Tominey, presentaron al primer ministro británico como a un hombre obsesionado con las reglas, en lugar de con valores. Su defensa de la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia fue mostrada a los oyentes como alguien que “entra al anfiteatro equivocado, pensando que iba a hacer una presentación sobre clips para descubrir un gran monstruo naranja, haciéndole muchos mates como Big Daddy” (una referencia al luchador británico Shirley Crabtree de los años 70 y 80). “En un momento dado, va a tener que ser más viril y romper una silla sobre la cabeza de Donald Trump”, zanjó Stanley.
Hasta ahora, la estrategia de Starmer ha sido intentar resolver diferencias con la administración de Trump, sobre todo en privado, para seguir “estando en la sala” a la hora de efectuar cambios, en lugar de ser lo que el consejero del gobierno Jonathan Powell ha descrito como “hacer buena figura”, criticándole con grandes gestos en las redes sociales.
Y así, fue fácil criticarlo por ser “débil” y reírse sobre sus otras víctimas Emmanuel Macron y Mark Rutte, cuyos mensajes privados fueron revelados por Trump, hasta que la imprevisibilidad del líder del movimiento “Make America Great Again” mostró otra vez que también encierra sus trampas para la derecha británica que le abraza. Trump no solamente amenazó al Reino Unido con aranceles vengativos por su defensa de Dinamarca; en una entrevista a Fox News, dijo que las tropas de la OTAN que combatieron en Afganistán durante 20 años hasta 2021 y no eran norteamericanas, “se quedaron en la retaguardia, lejos de la primera línea de batalla”. Ante la indignación generalizada de la sociedad británica, que perdió 457 militares en el conflicto Starmer grabó un vídeo, exigiendo una disculpa.
En respuesta, en su red Truth Social, Trump elogió a los militares británicos que murieron o fueron heridos. “El ejército del Reino Unido, con un gran corazón y un alma enorme, no tiene igual (salvo el de EE UU). ¡Os amamos, y siempre os amaremos!”, dijo. La media disculpa quedó corta para los militares británicos y no mencionó los otros países, que también acudieron a la petición de los Estados Unidos de activar el Artículo 5 de las Naciones Unidas después del 11 de septiembre de 2001, incluyendo a España, que perdió 102 personas en la misión afgana.
El comportamiento de Trump ha sido amargo para el primer ministro británico, pero puede que sea más dañino para el hombre que pretende expulsarle de Downing Street, el brexitero líder de Reform UK, que se ha presentado en el pasado como un defensor de los veteranos del Reino Unido. Nigel Farage tuvo que salir diciendo que Trump “estuvo equivocado” respecto a las tropas y que hablaría con su amigo sobre los aranceles con los que había amenazado, comentarios considerados tímidos por muchos analistas, e incluso defendió en parte a Trump en relación con Groenlandia.
Rosa Prince en Bloomberg destacó también el sexismo empleado por Trump en Davos sobre la política suiza Karin Keller-Sutter. “En el Reino Unido, las mujeres, minorías y alguien con una pizca de decencia va a preguntarse, cuando piensan en Farage: ¿es esta una persona con quien quieren estar asociada?”. La cercanía de Farage con Trump podría llegar a ser tóxica para los votantes británicos.


