La velocidad al caminar ha sido identificada en estudios epidemiológicos como un indicador del estado de salud general, con implicaciones en los sistemas cardiovascular, cerebral y físico. Investigaciones señalan que un ritmo inferior a 1 metro por segundo se asocia con un mayor riesgo de mortalidad prematura y enfermedades crónicas, particularmente en ausencia de causas como lesiones o fatiga puntual.
Un ritmo de 4,8 km/h (equivalente a 100 pasos por minuto) refleja un funcionamiento coordinado de los sistemas cardiovascular, respiratorio, musculoesquelético y neurológico. Factores como sedentarismo, sobrepeso, dolor articular, falta de sueño, estrés o condiciones médicas —como anemia o alteraciones tiroideas— pueden influir en la reducción de la velocidad al caminar.
Estudios longitudinales demuestran que ritmos moderados o rápidos se relacionan con una menor mortalidad y una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Una investigación observó que añadir 111 minutos diarios de caminata a 4,8 km/h se asoció con un aumento de hasta 11 años en la esperanza de vida en adultos con baja actividad física. Incluso períodos cortos de actividad, como 5 minutos diarios de caminata moderada, se vincularon con una reducción del 10% en la mortalidad, mientras que 10 minutos se asociaron con una disminución del 15%.
En el ámbito cardiovascular, un ritmo acelerado de caminata se ha correlacionado con una reducción del 27% en el riesgo de eventos graves en ciertos grupos poblacionales. En personas con hipertensión, se ha observado una asociación entre un ritmo más rápido y una menor incidencia de complicaciones. Además, estudios recientes sugieren que caminar a menos de 1 m/s podría estar relacionado con un mayor riesgo de desarrollar demencia, lo que indica una conexión entre la velocidad de la marcha y la salud neurológica.
Para evaluar la velocidad al caminar, se recomienda medir el tiempo en un tramo conocido o utilizar aplicaciones móviles que registren pasos y ritmo. Un ritmo moderado permite mantener una conversación en frases cortas, aunque cantar resulta difícil. Mejorar la velocidad puede lograrse mediante incrementos graduales, como añadir 5 a 10 minutos diarios de caminata, mantener una postura erguida y alternar intervalos de ritmo rápido con períodos de recuperación.
Ante la presencia de síntomas como dolor en el pecho, disnea intensa, mareos o síncope durante la caminata, se recomienda suspender la actividad y buscar evaluación médica. La velocidad al caminar es un indicador accesible y no invasivo para monitorear el estado de salud.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


