Dermatofagia: causas, efectos y estrategias para controlar el hábito de morderse los labios

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La dermatofagia, conocida clínicamente como *morsicatio labiorum*, es un trastorno de comportamiento repetitivo que implica el mordisqueo constante de los labios. Este hábito se asocia con situaciones de estrés, ansiedad, aburrimiento o concentración prolongada y puede convertirse en un patrón crónico con consecuencias físicas y emocionales documentadas.

El mecanismo se basa en un ciclo de alivio temporal: la tensión genera incomodidad, se muerde el labio y el cerebro asocia esta acción con una reducción momentánea del malestar. Su práctica recurrente puede provocar lesiones como costras, irritación cutánea, alteraciones en la textura o forma de los labios, infecciones bacterianas o fúngicas, hinchazón, heridas sangrantes y dolor en la articulación temporomandibular (ATM). También puede afectar encías y dientes, causando desgaste o sensibilidad.

Se recomienda consultar a un dentista o médico ante heridas que no cicatricen en dos semanas, fisuras profundas, dolor intenso, sangrado recurrente o signos de infección (enrojecimiento, pus o fiebre). Cuando el hábito está vinculado a ansiedad elevada, pensamientos obsesivos o dificultad para controlar impulsos, se sugiere intervención psicológica. La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado eficacia en estudios clínicos para abordar las causas subyacentes.

Para manejar la dermatofagia, se proponen estrategias estructuradas en cuatro ejes:
1. Identificar el momento en que surge el impulso mediante registros de situaciones o emociones asociadas.
2. Reducir la tensión física con técnicas de relajación, como respiración diafragmática.
3. Reemplazar la acción por alternativas no dañinas, como bálsamos labiales, chicles sin azúcar, hidratación frecuente, palitos de zanahoria o dispositivos sensoriales, como pelotas antiestrés.
4. Cuidar la zona afectada con productos cicatrizantes o protectores labiales.

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El control del hábito se logra mediante ajustes progresivos en la rutina diaria. Si el comportamiento persiste o está asociado a malestar emocional significativo, la intervención profesional puede facilitar un cambio sostenible.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**