Causas médicas y hábitos asociados a palpitaciones al despertar

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Las palpitaciones al despertar, caracterizadas por latidos cardíacos rápidos, fuertes o irregulares, pueden estar vinculadas a factores psicológicos, físicos, hormonales o hábitos cotidianos. El estrés y la ansiedad activan el sistema nervioso simpático, lo que provoca la liberación de adrenalina y un aumento en la frecuencia cardíaca. Los ataques de pánico nocturnos, que ocurren sin un desencadenante onírico claro, también pueden generar este síntoma, cuya percepción puede intensificarse en entornos silenciosos debido a la hipervigilancia.

Entre las causas físicas se incluyen la apnea obstructiva del sueño, que provoca microdespertares por pausas respiratorias y descenso en los niveles de oxígeno en sangre, así como el reflujo gastroesofágico, la hipoglucemia nocturna —particularmente en personas con diabetes—, la deshidratación y la fiebre. La hipoglucemia nocturna estimula la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina para compensar la disminución de glucosa.

El consumo de sustancias como cafeína, alcohol y nicotina antes de dormir puede alterar el ritmo cardíaco, al igual que ciertos fármacos, suplementos preentreno y descongestionantes. Los cambios hormonales asociados a la menstruación, el embarazo o la menopausia también pueden desencadenar palpitaciones, que en el caso de la menopausia suelen acompañarse de sofocos.

Se recomienda buscar atención médica inmediata ante la presencia de síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareos, desmayos, debilidad intensa o sudoración excesiva. Para una evaluación adecuada, es útil registrar detalles como la hora del episodio, su duración, postura al dormir, consumo de alimentos, cafeína o alcohol, y síntomas asociados como náuseas o temblores.

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Condiciones médicas como arritmias, hipertiroidismo y anemia deben descartarse mediante pruebas como electrocardiogramas, análisis de sangre o monitoreo con dispositivo Holter. La apnea del sueño se asocia con síntomas como ronquidos fuertes, sequedad bucal al despertar y somnolencia diurna.

Modificaciones en los hábitos, como reducir el consumo de estimulantes nocturnos, ajustar horarios de alimentación y mejorar la calidad del sueño, pueden contribuir a mitigar estos episodios. En casos persistentes, la consulta con un profesional de la salud permite identificar patrones y descartar condiciones médicas subyacentes.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**