La artrosis de rodilla es una enfermedad degenerativa que afecta el cartílago articular, provocando dolor, rigidez y limitación en la movilidad. Este desgaste aumenta la carga sobre los huesos y puede generar inflamación, aunque el dolor no siempre se correlaciona con el grado de daño estructural. Factores como la inactividad prolongada, esfuerzos físicos intensos o una mecánica incorrecta al moverse pueden agravar los síntomas.
Los síntomas más comunes incluyen rigidez al iniciar el movimiento, dolor al subir o bajar escaleras, crujidos articulares e hinchazón leve tras la actividad física. Se recomienda consultar a un profesional de la salud ante señales como derrame articular, enrojecimiento marcado, fiebre, bloqueo de la articulación o inestabilidad al caminar.
Para prevenir o manejar la artrosis, se sugiere mantener un peso corporal saludable, ya que estudios indican que reducciones moderadas disminuyen el riesgo de progresión de la enfermedad. La actividad física diaria, incluso en sesiones cortas, ayuda a preservar la movilidad articular. Corregir posturas en actividades repetitivas y utilizar calzado estable reduce los impactos en la rodilla.
Una alimentación equilibrada, que incluya proteínas, frutas, verduras y grasas saludables, junto con un sueño adecuado, contribuye a reducir la inflamación. Técnicas como distribuir el peso al cargar objetos o alternar posiciones al estar sentado minimizan la tensión en la articulación.
El ejercicio terapéutico y la fisioterapia son componentes clave en el manejo del dolor. Actividades de bajo impacto, como caminar, usar bicicleta estática o nadar, fortalecen la musculatura sin sobrecargar la rodilla. Ejercicios progresivos para fortalecer cuádriceps y glúteos mejoran el control articular. Sesiones cortas y constantes son más efectivas que esfuerzos intensos y esporádicos.
El uso de calor o frío depende de los síntomas específicos: el calor alivia la rigidez, mientras que el frío reduce la hinchazón tras la actividad física. Los analgésicos y antiinflamatorios de venta libre pueden utilizarse de manera temporal, siguiendo las indicaciones médicas, especialmente en personas con antecedentes gástricos, renales o cardiovasculares.
Ante la persistencia del dolor, limitación en la movilidad o síntomas como hinchazón crónica, se recomienda una evaluación médica. Entre las opciones de tratamiento se incluyen infiltraciones con ácido hialurónico, que pueden ofrecer alivio durante meses, y plasma rico en plaquetas (PRP), con evidencia en artrosis leve a moderada. Tratamientos sin evidencia científica sólida, como terapias con células madre, deben abordarse con precaución.
Un plan de manejo basado en movimiento suave, fortalecimiento progresivo y ajustes en la rutina diaria puede mejorar la funcionalidad de la rodilla. La constancia y la técnica adecuada son esenciales para optimizar los resultados.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


