El gobierno ruso presentó a Estados Unidos, a través de la mediación del Vaticano y con la participación del cardenal Pietro Parolin, una propuesta para facilitar la salida de Nicolás Maduro de Venezuela. El plan incluía asilo en Rusia, garantías de seguridad respaldadas por el presidente Vladímir Putin y protección para altos funcionarios del chavismo. Según fuentes diplomáticas, el objetivo era evitar una intervención militar liderada por el entonces presidente Donald Trump, reducir la inestabilidad regional y mantener canales de diálogo con Washington sobre temas como Ucrania. Maduro rechazó la oferta por desconfianza en su situación en el exilio y por exigencias de inmunidad para proteger activos financieros en el exterior.
La operación que resultó en la detención de Maduro involucró más de 150 aeronaves y acciones coordinadas, incluyendo ataques selectivos, guerra electrónica, inteligencia y vigilancia en Caracas. Los sistemas de defensa aérea venezolanos, equipados con tecnología rusa como S-300, Buk-M2 y Pantsir, no neutralizaron las aeronaves estadounidenses. El Pentágono informó que radares y sistemas de mando y control fueron desactivados en las primeras fases de la operación. Donald Trump confirmó que un avión estadounidense fue alcanzado, pero continuó operativo sin reportarse bajas ni pérdidas materiales.
Tras la detención, el Kremlin adoptó una respuesta discreta, sin comunicación directa con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y manteniendo contactos diplomáticos a nivel técnico. Esta postura contrasta con la relación previa entre Putin y Maduro, marcada por encuentros frecuentes y apoyo político explícito. La cautela rusa coincide con un repliegue estratégico en otros escenarios internacionales, como Siria.
El nuevo gobierno venezolano ha intensificado el diálogo con Washington. Rodríguez cumplió las condiciones establecidas por la Administración Trump y ha recibido a funcionarios de inteligencia estadounidenses. La detención de Maduro reduce la influencia rusa en América Latina, donde Venezuela era su principal aliado político y militar. Rusia mantiene relaciones con otros países de la región, aunque sin el nivel de integración estratégica previo.
El fracaso de la propuesta de evacuación y la ausencia de gestos políticos hacia el nuevo gobierno reflejan un ajuste en las prioridades del Kremlin, influenciado por su participación en el conflicto en Ucrania.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


