Reducción de costos en lanzamientos espaciales incrementa saturación en órbita terrestre

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El costo de lanzar satélites al espacio ha disminuido en las últimas décadas. En la década de 1960, el envío de un kilogramo de carga al espacio costaba aproximadamente 400.000 dólares. En la actualidad, utilizando el cohete Falcon 9 de SpaceX, el precio se sitúa en unos 6.500 dólares por kilogramo, según datos del fondo de capital riesgo Kfund.

Esta reducción de costos ha impulsado un aumento en el número de lanzamientos anuales. En España, los objetos enviados al espacio pasaron de 21 en 2021 a 69 en 2024. A escala global, constelaciones de satélites se despliegan en meses, en contraste con las décadas que requería este proceso anteriormente.

La empresa española FOSSA Systems ha desplegado más de 20 satélites con una financiación total inferior a 10 millones de euros. Factores como la reutilización de cohetes, la estandarización de satélites y las economías de escala han contribuido a esta tendencia. SpaceX planea continuar con su cohete Starship, que busca reducir aún más los costos de lanzamiento.

El incremento en el número de satélites ha generado desafíos en la órbita terrestre baja. Según estimaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA), existen más de 36.000 objetos de más de 10 centímetros en órbita, la mayoría de los cuales se consideran basura espacial.

Los marcos regulatorios vigentes, diseñados durante la Guerra Fría, no están adaptados para gestionar el acceso al espacio por parte de múltiples operadores privados y estatales. Aspectos como la cantidad de satélites que un operador puede lanzar, su ubicación orbital y su disposición al finalizar su vida útil carecen de una regulación global coordinada.

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Silviu Pirvu, Chairman y CTO de Optimal Cities, ha señalado que ‘el panorama global está en constante evolución, con cambios acelerados en ciertos ámbitos’. Europa busca reducir su dependencia de proveedores no europeos mediante iniciativas como IRIS², aunque persisten problemas de fragmentación regulatoria.

La comunidad científica ha advertido sobre el síndrome de Kessler, un escenario teórico en el que la densidad de objetos en órbita baja podría alcanzar un umbral crítico, desencadenando colisiones en cascada que afectarían el uso de ciertas órbitas durante generaciones.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**