El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI) de Estados Unidos y la Clínica Mayo señalan que la salud pulmonar influye en la energía diaria, la calidad del sueño y la resistencia física. Modificaciones en los hábitos cotidianos pueden mejorar la capacidad respiratoria y disminuir el riesgo de enfermedades pulmonares crónicas e infecciones.
El tabaquismo es el principal factor de riesgo para la salud pulmonar. El humo del tabaco daña las vías respiratorias, provoca inflamación y aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el cáncer de pulmón. Los aerosoles de cigarrillos electrónicos también pueden causar irritación y tos persistente. Para dejar de fumar, se recomienda establecer una fecha de abandono, buscar apoyo profesional y considerar terapias de reemplazo de nicotina. Identificar desencadenantes como el estrés, el alcohol o el café puede facilitar el proceso.
La exposición al humo ambiental de tabaco y a aerosoles domésticos afecta negativamente a los pulmones. Se aconseja mantener espacios cerrados libres de humo, ventilar adecuadamente durante la cocción y evitar el uso de perfumes en spray. En casos de sensibilidad, los purificadores de aire con filtro HEPA pueden reducir la exposición a partículas irritantes.
La actividad física regular mejora la eficiencia del sistema respiratorio. Ejercicios como caminar, usar escaleras o andar en bicicleta incrementan la tolerancia al esfuerzo y reducen la sensación de falta de aire. Iniciar con sesiones breves e incrementar la intensidad de manera gradual favorece la constancia. Mantener un peso saludable contribuye a aliviar la presión sobre el diafragma.
Técnicas respiratorias, como la respiración con labios fruncidos —inspirar por la nariz y exhalar lentamente por la boca—, ayudan a controlar la respiración en situaciones de esfuerzo o estrés. Si se presentan síntomas como mareos, dolor en el pecho o dificultad respiratoria, se recomienda interrumpir la práctica y consultar a un profesional de la salud.
Una alimentación equilibrada, que incluya frutas, verduras, fibra y proteínas, junto con una hidratación adecuada, fortalece el sistema inmunológico. Dormir lo suficiente y mantener ambientes bien ventilados, con filtros de aire limpios, reduce la exposición a partículas nocivas. Medidas preventivas como el lavado frecuente de manos y la vacunación contra enfermedades como la gripe, COVID-19 y neumococo, según las indicaciones médicas, son esenciales para proteger la salud pulmonar.
Síntomas como tos persistente, silbidos al respirar, falta de aire ante esfuerzos leves o infecciones recurrentes requieren evaluación médica. Pruebas como la espirometría permiten detectar posibles afecciones pulmonares y establecer un plan de tratamiento adecuado.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


