Investigaciones recientes establecen una relación entre prácticas como la meditación y la oración con la disminución de síntomas de ansiedad y depresión, así como con mejoras en el bienestar emocional. Estas actividades generan cambios fisiológicos, como la reducción de la frecuencia respiratoria, la disminución de la tensión muscular y la activación del sistema nervioso parasimpático, asociado a estados de descanso y recuperación corporal.
La respiración consciente y el uso de mantras u oraciones repetitivas actúan como mecanismos para interrumpir patrones automáticos de pensamiento. Estudios indican que estas técnicas pueden promover la compasión, el optimismo y la conexión social. Mientras la meditación se enfoca en el entrenamiento de la atención plena, la oración prioriza la relación y la búsqueda de significado. Ambas prácticas pueden incorporarse a rutinas diarias.
Se sugiere iniciar con sesiones de uno a diez minutos al día, vinculadas a momentos cotidianos. La constancia y la flexibilidad son factores determinantes. En casos de trauma o trastornos psicológicos, se recomienda complementar estas prácticas con apoyo profesional. Técnicas breves, como respiraciones conscientes, pueden aplicarse durante el día para recuperar claridad mental.
Los hallazgos también señalan que estas prácticas contribuyen a mejorar la calidad del sueño, modular respuestas emocionales y facilitar la recuperación tras situaciones adversas. No obstante, no reemplazan tratamientos médicos o psicológicos cuando estos son necesarios.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


