Estudios científicos vinculan la práctica regular de ejercicio aeróbico, como trotar, con telómeros más largos, estructuras protectoras ubicadas en los extremos de los cromosomas asociadas a un envejecimiento celular más lento. La longitud de los telómeros está relacionada con el estado cardiometabólico y el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Su acortamiento se acelera por factores como sedentarismo, estrés oxidativo e inflamación crónica.
Investigaciones observacionales indican que trotar 30 minutos diarios o aproximadamente 75 minutos semanales puede contribuir a mantener la longitud de los telómeros. Algunos análisis sugieren que esta práctica podría reducir hasta nueve años la edad biológica, aunque los resultados varían según variables individuales como genética, dieta y otros hábitos de vida. La enzima telomerasa, responsable de preservar la longitud de los telómeros, muestra mayor actividad en personas con rutinas de ejercicio constante.
El sedentarismo, el sueño deficiente y el estrés crónico incrementan la inflamación y el estrés oxidativo, acelerando el acortamiento de los telómeros. Por el contrario, el ejercicio aeróbico sostenido, como correr a ritmo moderado, se asocia con mejores marcadores celulares. La constancia en la práctica del ejercicio parece ser más determinante que la intensidad esporádica.
Para adoptar este hábito de manera segura, se recomienda iniciar con sesiones que combinen caminata y trote, especialmente en personas con baja condición física previa. La «prueba de hablar», que consiste en mantener una conversación breve sin dificultad respiratoria, ayuda a ajustar la intensidad del ejercicio. Se aconseja consultar a un profesional de la salud en casos de dolor agudo, fatiga persistente o condiciones médicas preexistentes, como enfermedades cardiovasculares.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


