La efectividad del ayuno intermitente para reducir peso depende de factores individuales como horarios laborales, apetito, calidad del sueño, actividad física y estado metabólico. La pérdida de grasa se produce cuando el gasto energético supera la ingesta calórica, independientemente del horario de las comidas.
Este método, que restringe las horas de alimentación diaria, puede disminuir la ingesta calórica al reducir el consumo de snacks y simplificar la planificación de comidas. Un estudio publicado en *Nature Medicine* mostró que una ventana de alimentación temprana (evitando cenas tardías) redujo la grasa abdominal y mejoró el control de glucosa en personas con obesidad tras doce semanas de intervención.
Omitir la cena puede facilitar la reducción calórica al eliminar alimentos como postres, alcohol o snacks nocturnos. Alinear la alimentación con el ritmo circadiano, consumiendo más calorías en horarios tempranos, favorece el metabolismo de la glucosa. Sin embargo, esta práctica puede generar hambre nocturna, afectar la calidad del sueño o provocar un aumento compensatorio en la ingesta al día siguiente.
Por otro lado, saltarse el desayuno puede mejorar la concentración matutina y la sensibilidad a la insulina en ciertos individuos. No obstante, existe el riesgo de llegar con excesivo apetito al mediodía, lo que podría derivar en elecciones alimenticias menos equilibradas. Concentrar una gran parte de las calorías diarias en la noche puede empeorar la respuesta glucémica en algunas personas.
Los especialistas recomiendan priorizar alimentos ricos en proteínas, verduras y fibra, evitando carbohidratos refinados. Personas con diabetes, bajo tratamiento médico, embarazadas o con antecedentes de trastornos alimenticios deben consultar a un profesional antes de modificar sus hábitos alimenticios. La adaptación del horario de comidas debe basarse en necesidades individuales y en la calidad nutricional de los alimentos.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


