Guía para identificar lunares con riesgo de melanoma y medidas de prevención

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Los lunares, conocidos médicamente como nevos, son acumulaciones de melanocitos en la piel. La mayoría son benignos, pero algunos pueden evolucionar a melanoma, un tipo de cáncer de piel. La detección temprana de características sospechosas es fundamental para un diagnóstico y tratamiento oportunos.

Existen dos categorías principales de lunares:
– Lunares comunes: diámetro menor a 6 mm, forma simétrica, bordes definidos y coloración uniforme.
– Lunares displásicos: más grandes, con bordes irregulares, colores variados y formas asimétricas, asociados a un mayor riesgo de melanoma.

Factores de riesgo incluyen:
– Exposición a radiación ultravioleta (UV) sin protección.
– Antecedentes familiares de melanoma.
– Síndromes genéticos como el síndrome de nevos displásicos.
– Quemaduras solares, especialmente durante la infancia.

Para evaluar lunares, se aplica la regla ABCDE:
– Asimetría: mitades desiguales al dividir el lunar.
– Bordes: irregulares, difusos o dentados.
– Color: variaciones en tonos como marrón, negro, rojo, azul o blanco.
– Diámetro: superior a 6 mm, aunque algunos melanomas pueden ser más pequeños.
– Evolución: cambios en tamaño, forma, color o síntomas como picazón, sangrado o dolor.

El ‘signo del patito feo’ identifica lunares que difieren significativamente en apariencia del resto. Otros signos de alerta son enrojecimiento, inflamación o secreción.

Se recomienda realizar autoexámenes mensuales de la piel, utilizando espejos o aplicaciones móviles para registrar cambios. Ante cualquier anomalía, especialmente en personas con antecedentes familiares de melanoma, se debe consultar a un dermatólogo.

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Los especialistas emplean métodos diagnósticos como:
– Dermatoscopia: examen con lente de aumento para analizar patrones de pigmentación.
– Biopsia: extracción de tejido para análisis histopatológico mediante raspado, sacabocados o excisional.

Medidas preventivas incluyen:
– Uso de protector solar de amplio espectro (SPF 30 o superior), aplicado 15 minutos antes de la exposición y reaplicado cada dos horas.
– Evitar la exposición solar entre las 10:00 a.m. y 4:00 p.m., cuando la radiación UV es más intensa.
– Usar ropa protectora, sombreros de ala ancha y gafas con filtro UV.
– Proteger especialmente a niños y adolescentes, cuya piel es más susceptible a daños por UV.

La prevención y la detección temprana son clave para reducir el riesgo de cáncer de piel.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**