#Mundo:Somalilandia, el enclave separatista del cuerno de África que Israel ha colocado en el tablero geopolítico al reconocerlo como país #FVDigital

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La siempre complicada geopolítica de fronteras en África suma un nuevo capítulo ante el reconocimiento por parte de Israel de Somalilandia como Estado independiente. Un pequeño territorio, desconocido para muchos y que no aparece en la mayoría de los mapas, ubicado en el cuerno de África, y que funciona de facto como territorio independiente desde su separación de Somalia, país del que forma parte oficialmente, en 1991.

El reconocimiento, anunciado por sorpresa por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, convierte a Tel Aviv en el primer gobierno en reconocer a Somalilandia, lo que abre la puerta a que otros países sigan sus pasos pese al amplio rechazo internacional —por parte de la ONU, la Unión Africana, la Liga Árabe, China o Turquía, entre otros— que la decisión ha suscitado, y a la que no se ha sumado, por el momento, ningún país.

Con capital en Hargeisa, una extensión de 137.000 kilómetros cuadrados y una población de 6,2 millones de habitantes, según su censo oficial, las aspiraciones de independencia de Somalilandia vienen de lejos. Al contrario que el resto de Somalia (que fue colonia italiana), Somalilandia (al noroeste del país) fue un protectorado británico durante casi 80 años, hasta que se independizó del Reino Unido y se unió voluntariamente a Somalia, que obtuvo también su independencia de Italia en 1960. 

Una historia convulsa y una independencia de facto

Sin embargo, los inicios de la Somalia independiente fueron convulsos, y la unión de Somalilandia, apresurada y mal gestionada, fue percibida en la región norteña como un cambio a peor, en el que sus habitantes e instituciones vieron mermado su poder, y sin que se produjese una armonización legal entre ambos territorios. 

La desigualdad política y económica entre Somalia y Somalilandia,  que provocó fuertes tensiones entre ambos territorios, escaló con la llegada al poder del dictador Siad Barre, que impuso un régimen militar totalitario y centralizado, llegando a bombardear la capital somalilandesa, Hargeisa.

Sin embargo, la dictadura de Siad Barre llegaría a su fin en 1991, cuando la rebelión somalí provocó su exilio en una espiral de violencia que desembocó en la guerra civil somalí (que técnicamente continúa en la actualidad). Con el Estado centralizado derrumbándose, la norteña Somalilandia decidió, bajo el argumento de restaurar su soberanía, escindirse de Somalia y crear un Estado independiente, sin reconocimiento ilegal de ningún tipo hasta ahora. 

Al contrario que en muchas de las disputas territoriales africanas, entre Somalia y Somalilandia no median diferencias étnicas o religiosas: en ambos territorios hay una mayoría de población étnicamente somalí y de religión musulmana suní. A tenor de una unión política inestable y violenta, Somalilandia se constituyó como territorio independiente.

Curiosamente, frente a la inestabilidad que preside Somalia, enquistada desde 1991 en la guerra civil, con un poder político débil y donde la infiltración de grupos terroristas —como Al Shabab— y los atentados son frecuentes, así como la dependencia de las misiones internacionales y el apoyo militar extranjero, Somalilandia ha mantenido su independencia de facto, con fuerzas locales resguardando sus fronteras, sin infiltración de grupos yihadistas y manteniendo la paz al margen de los conflictos violentos de su vecina. Somalilandia, de hecho, ha sido capaz de celebrar elecciones y de gestionar transiciones pacíficas del poder.

Sin embargo, tanto Somalilandia como Somalia se encuentran en el cuerno de África, una de las zonas más pobres del planeta, donde la sequía y la falta de recursos hacen especial mella en una economía basada en la agricultura y la ganadería. Sin embargo, al no ser reconocido por ningún país del mundo, Somalilandia ha estado excluido de la mayoría de programas de cooperación internacional o de apoyo extranjero.

Los intereses estratégicos lo convierten en un potencial aliado para Israel

Ahora, Somalilandia ve como 35 años de aislamiento internacional se resquebrajan por primera vez con la decisión israelí. Miles de habitantes lo celebraron en las calles de Hargeisa en un estadio, portando banderas israelíes y con fuegos artificiales. El reconocimiento, que se ha gestado tras meses de contactos entre ambos gobiernos, abre la puerta a que otros países sigan, ahora o en el futuro, los pasos de Tel Aviv. La aspiración del gobierno de Hargeisa: que lo haga Estados Unidos, aunque eso parece aún lejano —con el propio Donald Trump mostrando desinterés por ello en una entrevista con el New York Post—. Somalilandia espera, además, que la cooperación con Israel le abra las puertas del desarrollo en materia agrícola, tecnológica o industrial.

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Por su parte, Israel ha escudado su decisión en “valores e intereses estratégicos compartidos” con Somalilandia, según el comunicado publicado por su ministerio de Exteriores. El propio Netanyahu ha asegurado en entrevistas que Israel busca estrechar lazos con lo que considera un “país musulmán moderado y democrático” que “desea adherirse a los Acuerdos de Abraham —impulsados por EEUU en 2020 para la normalización de relaciones entre el Estado hebreo y el mundo árabe—”.  

La diplomacia israelí justifica su decisión en que Somalilandia dispone de los elementos fundamentales para que se pueda hablar de un Estado: población, territorio, fuerzas armadas y un sistema estable. Sin embargo, Tel Aviv tiene muchos otros motivos para dar ahora este paso, principalmente en el plano geopolítico: la alianza con Somalilandia le proporcionará un acceso privilegiado a las costas del Golfo de Adén, que conecta el Mar Rojo con el océano Índico, con todas las posibilidades comerciales que eso comporta. 

También en el plano militar, ya que el reconocimiento de Somalilandia abre las puertas a acuerdos de cooperación militar con los que Israel podrá hacer frente a los hutíes de Yemen, a unos 32 kilómetros de la costa de Somalilandia, separados por el estrecho de Bab-el-Mandeb. Israel podría confrontar así a uno de sus grandes enemigos, adscritos al Eje de Resistencia que conforma Irán y sus redes en el exterior, como la Yihad Islámica, Hamás o los propios hutíes.

Otra hipótesis que manejan los analistas es que Israel pueda ver en Somalilandia un territorio en el que reubicar a los palestinos de Gaza, arrasada tras la ofensiva israelí que sucedió a los ataques del 7 de octubre de 2023. La Autoridad Nacional Palestina, que condenó el reconocimiento israelí, valoró esta posibilidad, con la que Israel podría despoblar el enclave palestino.

Pero, sobre todo, Israel gana un aliado que le permitirá ganar presencia en una región plenamente árabe, así como contrarrestar la presencia de otros países enemigos, como Irán o Turquía. La cooperación militar, por la que Israel podría implementar armamento o incluso bases en el cuerno de África, podrían otorgarle a Tel Aviv una ventaja estratégica en esa zona del mundo.

El mundo árabe ve un peligroso precedente para África

Sin embargo, la oposición y el rechazo a la decisión ha sido amplio en gran parte del mundo. Especialmente en el mundo árabe y en África, con la Unión Africana, la Liga Árabe e incluso la ONU llamando a preservar la soberanía y la integridad territorial de Somalia. 

Veintiún países árabes y africanos rechazaron en un comunicado conjunto el reconocimiento israelí, entre ellos países con los que Tel Aviv mantiene relaciones como Egipto o Jordania; y también Arabia Saudí, firmante de los Acuerdos de Abraham y con quien Israel lleva años tratando de impulsar contactos. 

Los detractores de la decisión señalan un paso sin precedentes que puede fomentar la inestabilidad política y geográfica del cuerno de África y de todo el continente, sentando un peligroso precedente contra la soberanía de un país independiente. 

Sin embargo, muchos actores recelan de la mera presencia israelí en la zona. Los hutíes de Yemen ya han asegurado que considerarán un objetivo cualquier presencia o interés israelí en la zona. Turquía, China, Irán o Qatar también han rechazado y condenado con dureza la decisión.



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