La gonorrea es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae. A veces no da síntomas, y ahí está parte del problema, puede seguir pasando de persona a persona sin que nadie lo note. En los últimos años preocupa la gonorrea resistente, porque algunas cepas ya no responden bien a tratamientos clásicos. Cuando un antibiótico falla, el margen se estrecha y el control se complica.

Por qué la gonorrea ultrarresistente es una amenaza real hoy
La resistencia no aparece de un día para otro. La bacteria aprende a sobrevivir cuando se usan antibióticos de forma incompleta, tarde, o sin diagnóstico. Con el tiempo, los tratamientos que antes cerraban el problema como una puerta con llave, pasan a comportarse como una cerradura gastada. Eso es el fallo de tratamiento.
Hoy, muchos protocolos siguen apoyándose en la ceftriaxona, un antibiótico inyectable que suele ser la base del manejo de la gonorrea no complicada. El reto llega cuando circulan cepas multirresistentes y el “plan A” deja de ser fiable en ciertos entornos. Organismos como la OMS y los CDC han señalado la gonorrea como prioridad por resistencia creciente, y han descrito zonas con porcentajes preocupantes de resistencia o sensibilidad reducida a ceftriaxona, lo que obliga a vigilar de cerca cada brote y cada pauta.
Dos nuevos antibióticos orales que cambian el plan: zoliflodacina y gepotidacina
Que dos fármacos nuevos sean orales no es un detalle menor. Para muchas personas, un tratamiento en una sola toma reduce fricción, evita el pinchazo y puede mejorar el cumplimiento. En atención primaria, urgencias o clínicas con alta demanda, una opción así ahorra pasos y tiempo. También baja barreras cuando el acceso a inyectables es limitado.
Nuzolvence (zoliflodacina) y Blujepa (gepotidacina) obtuvieron aprobación de la FDA a finales de 2025 para gonorrea urogenital no complicada. En la información disponible, la indicación incluye adultos y adolescentes a partir de 12 años, con un umbral de peso mínimo según ficha técnica (en la aprobación citada, alrededor de 34 a 35 kg). La idea es simple, ofrecer una sola dosis con nuevos mecanismos para aliviar presión sobre los antibióticos de siempre, sin vender humo ni prometer cobertura total para cualquier localización.
Nuzolvence (zoliflodacina), qué la hace distinta y qué mostraron los ensayos
La zoliflodacina bloquea una enzima clave para que la bacteria copie su ADN, la topoisomerasa tipo II. Dicho de forma llana, le corta el “copiado y pegado” interno que necesita para multiplicarse. Su punto fuerte es que no comparte los mismos caminos de resistencia que otros antibióticos, lo que se resume como sin resistencia cruzada.
En un ensayo fase 3 internacional, con cerca de 900 participantes, mostró tasas de curación por encima del 90% en infección genital y resultados comparables al estándar basado en ceftriaxona. Los datos se publicaron en The Lancet, reforzando la idea de que puede ser una alternativa real cuando el arsenal se queda corto.
Blujepa (gepotidacina), qué se sabe y dónde encaja
La gepotidacina, desarrollada por GSK, también recibió luz verde para gonorrea urogenital no complicada en pauta oral de dosis única. Su valor práctico es claro, amplía opciones sin depender de inyecciones, lo que ayuda en escenarios donde el acceso o la adherencia fallan.
Aun así, su lugar debe definirse con uso prudente. Puede ser una alternativa oral útil cuando hay sospecha de resistencia o intolerancia a esquemas habituales, pero necesita vigilancia y guías claras para no quemar una herramienta nueva demasiado pronto.
Qué cambia para pacientes y sistemas de salud, y qué no cambia
Para pacientes, el cambio más visible es la simplicidad. Menos pasos suele significar mejor adherencia, y eso reduce reinfecciones y cadenas de transmisión. Para el sistema, también significa menos carga logística, menos dependencia de material inyectable y más margen para tratar rápido cuando el diagnóstico llega a tiempo.
Lo que no cambia es lo esencial. Siguen siendo clave las pruebas adecuadas, el tratamiento de parejas y el seguimiento cuando esté indicado, sobre todo si hay síntomas persistentes o riesgo de exposición continua. Estos antibióticos no cubren todos los escenarios, y en localizaciones como faringe o recto aún hay más incertidumbre. Si se usan mal, la resistencia volverá a empujar, por eso el avance real se mide tanto por la ciencia como por el buen uso clínico.



