#Mundo:Los venezolanos que recibieron la bolsa CLAP señalada por el caso Plus Ultra: “Había bichos en los alimentos, pero era la comida del día” #FVDigital

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“Los granos y la pasta traían insectos. Muchas veces tocó botarlos, pero en otras oportunidades, debido a la escasez, nos tocó limpiar y cocinar los alimentos. A mis hijos no les daba esto, pero mi esposo y yo los comíamos porque podía ser la única comida que hacíamos en el día”. Así relata a 20minutos Elena (nombre ficticio) su experiencia con las bolsas de alimentos básicos subsidiados que el régimen venezolano comenzó a entregar en 2016 a través de los Comités de Abastecimiento y Producción (CLAP) y que han vuelto a ser noticia a raíz de la investigación contra el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, por el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra. En concreto, la Justicia indaga si el exjefe del Ejecutivo utilizó sus influencias y una red se empresas internacionales para blanquear fondos procedentes del cobro con sobreprecio de estas bolsas de alimentos y del petróleo.

La llegada de las CLAP —que en un principio eran cajas y después pasaron a ser bolsas— se produjo durante un período de escasez extrema causado tras el colapso de la economía del país, que depende casi en su totalidad del petróleo. Los precios del crudo se habían desplomado, los controles de precio impuestos por el régimen obligaban a las empresas a operar a pérdida, la inflación superaba todos los récords y se volvió imposible comprar dólares en un país que dependía de las importaciones para abastecerse. Como consecuencia, las estanterías de los supermercados comenzaron a vaciarse y hacer filas kilométricas para comprar algún producto de primera necesidad se convirtió en la norma. A raíz de la escasez de alimentos, que superaba el 80% en abril de 2016 según la encuestadora Datanálisis, el chavismo impulsó las CLAP.

Elena, quien vivía en Caracas y ahora reside en EEUU, comenzó a recibir las bolsas en 2016. En teoría debían ser entregadas cada quince días, pero la realidad es que llegaban cada cuatro o cinco semanas. “Para recibirlas había que hacer trabajo ‘voluntario’. Los hombres debían descargar el camión y las mujeres colaborábamos en la organización y entrega. A pesar de ese trabajo ‘voluntario’ había que pagar”, afirma esta mujer de 55 años. El dinero se ingresaba en la cuenta personal de la persona denominada como ‘jefa de calle’, quien era responsable de pagar al régimen por las cajas recibidas. “A veces había que pagar algún extra por el transporte desde los galpones [naves] hasta la zona donde yo vivía”, explica.

Las personas interesadas en recibirlas debían anotarse en una lista que pasaban por las viviendas de cada una de las personas. Era necesario dar el nombre completo y la cédula de identidad. Y con esa lista se creaba un grupo de WhatsApp. “Cuando al jefe de calle le llegaban las bolsas enviaba un mensaje para que fuéramos a recogerlas. Firmabas un papel y te la daban”, afirma a este periódico Daniel (nombre ficticio), quien vivía en Cumaná y ahora reside en España. “Había personas a quien se las daban y otras a las que no, pero no sé qué alegaban para negárselas”, añade este hombre de 54 años.

Al ser preguntada por si alguna vez notó algo extraño en relación a la distribución de los alimentos, Elena destaca que, a pesar de ser un programa de alimentos subsidiado por el Gobierno, el dinero no se ingresaba en una cuenta bancaria institucional. Además, señala que la persona responsable de entregar las bolsas —la cual disponía de mayores cantidades de alimentos en su vivienda— daba prioridad a las familias con niños pequeños y adultos mayores “pero si mostraban que tenían un pensamiento político diferente les dejaba de últimos”.

“Las listas de entrega de alimentos las usaban para ‘invitar’ a las personas a votar en las diferentes elecciones y sé que ellos cotejaban la cantidad de personas en las listas con los votos que recibían”, asegura Elena, quien afirma haber sabido a través de su hermano que en ciudades del interior del país “coaccionaban” a las personas para entregarles la bolsa. “Sé que otras personas recibían menos [que yo] y que les retiraban la bolsa si expresaban su verdadero pensamiento político”, agrega. Daniel, por su parte, manifiesta que había personas que hacían “chanchullos” con los alimentos que traían las bolsas y los revendían.

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Elena sostiene que al principio la caja traía varios productos, pero con el tiempo disminuyeron y la calidad empeoró. “Después de unos meses la caja dejó de traer café, azúcar, aceite y enlatados como atún o sardinas. Lo que siempre había era pasta, lentejas y arroz”, subraya la venezolana antes de mencionar que también solía traer mayonesa y ketchup y en algunas oportunidades leche en polvo, cuya calidad fue ampliamente criticada. “Llegué a comprar leche revendida para mis hijos cuando era de buena calidad. Después resultó ser una porquería. A mis hijos y a muchos niños del colegio al que iban les daba dolor de barriga y otros malestares estomacales”, indica Daniel, quien dejó de ir a buscar las bolsas.

Las denuncias sobre la calidad de la leche en polvo —aunque también del resto de productos— recorrieron como la pólvora las redes sociales. Su sabor y consistencia no eran normales. A raíz de las quejas, el sitio web de periodismo de investigación venezolano Armando.info recolectó muestras de varios paquetes de leche en polvo —las cuales procedían de México— y las envió a un laboratorio de la Universidad Central de Venezuela (UCV). “Se demostró que en lugar de leche se trata de productos lácteos cuyo contenido nutricional es más parecido a la harina de arroz y al fororo (harina de maíz tostado), pues las marcas evaluadas presentaron altas cantidades de sodio y carbohidratos frente a muy bajas cantidades de calcio y proteínas”, informó el portal. En otras palabras, esto significa que un niño debía tomar hasta 41 vasos diarios de esa ‘leche’ para cubrir su requerimiento diario de calcio.

“Las listas de entrega de alimentos eran usadas para ‘invitar’ a las personas a votar y sé que cotejaban la cantidad de personas en los listados con los votos que recibían”

Al igual que Elena, Daniel también asegura que los alimentos tenían insectos. “La harina y el arroz estaban llenos de gorgojos, el azúcar venía con hormigas y en las caraotas (frijoles) a veces se encontraban piedras”, manifiesta este venezolano. “Sin duda alguna los alimentos eran de pésima calidad y también traían ocasionalmente insectos y piedras”, dice por que parte Manuel (nombre ficticio), un joven de 27 años que reside en Caracas y a cuya familia dejaron de entregarle la bolsa. “Evidentemente estábamos muy en contra del Gobierno. Incluso me tomaron fotos protestando y las pasaron por el grupo de WhatsApp donde avisaban de la llegada de las bolsas”, explica.

Al ser preguntados por si el Gobierno continúa entregando las CLAP, los tres entrevistados aseguran que no lo saben. Elena incluso afirma que evita hablar de cualquier tema relacionado con el régimen con los familiares que aún tiene en el país. “Nos hemos impuesto la autocensura porque la represión, la impunidad y el miedo siguen muy arraigados. He sabido de dos personas que estuvieron detenidas por pensar distinto y han hecho que sus familias vendan sus propiedades y se queden sin recursos para sacarles de la cárcel, ya que parece que los meten allí para que se pudran“, sentencia esta venezolana. De acuerdo con Crónica Uno y Cotejo.info las bolsas no llegan desde hace meses a varias zonas del país, aunque el programa no ha sido eliminado oficialmente.



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