Borrar ese pasado

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Dicen que el fantasma de Trujillo ronda los pasillos del Palacio Nacional. Los “trujillitos” abundan en oficina s públicas, privadas y hasta en los hogares. Y los torturadores de la época del jefe solo han cambiado de nombres.

Si revisamos acciones del régimen dictador, hallamos muchas repeticiones en los gobiernos “democráticos” que hemos tenido hasta hoy. Casos concretos hay en la Nacional, donde todavía hoy se sigue “secuestrando” a parientes de ciudadanos que, individualmente, han cometido algún delito o violado alguna ley.

El hecho reciente es el apresamiento del padre de Francelis Furcal, implicada en la agresión a un ciudadano chino en ferretería de la avenida Duarte. El hecho es condenable, pero no está facultada la institución a detener a un pariente para obligarla entregarse. Otra muestra de la presencia del trujillismo es la muerte del joven José Gregorio Custodio en San Jose de Ocoa.

Detenido en salud un conflicto de pareja. Dos días después entregado muerto a sus familiares. Su cuerpo presenta muestras de golpes y torturas, recibidos, aparentemente, en la dotación policial. La respuesta de la institución: TRASLADAR la dotación. Así tratan de echar concreto al hecho y ocultarlo todo. Un ejemplo de se repite el pasado es el Centro de Retención de Vehículos, conocido como El Canódromo. Se denuncia allí mafia. Los medios tratan de investigar. Los golpean, les destruyen equipos y borran evidencias. El escándalo trata de taparse trasladándolo a otro lugar. Ignoran que el mal no está en la sabana. Hay que erradicar la mafia del lugar.

Los Digesett no seguir “ordenando” retención de vehículos en violación a leyes del país. Trasladar agentes o dotaciones. Mudar el canódromo de un lado a otro o apresar familiares de quien ha cometido un delito son acciones del pasado que deben desaparecer YA.



Fuente LD

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