¿Es usted amado?

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Acerca del evangelio de San Lucas 3, 15-16.21-22

“El psiquiatra me dijo que mi radica en que a mí nunca me amaron cuando pequeña”, dijo la señora tristemente, “y creo que tiene razón: yo nunca he experimentado que alguien me haya amado lo que soy, sin que tenga que merecérmelo”.

Esta conversación me hizo hacerme la misma pregunta: ¿recuerdo yo haber recibido cuando pequeño ese amor verdadero, ese amor incondicional, que se da sin merecimientos previos, y ese amor gratis, que no exige nada a cambio?

¿Ha experimentado usted personalmente este tipo de amor…?

No sé cuál será su respuesta, pero sí sé que pocos padres, acostumbran a decir a sus hijos que aman, lo que creo que la mayoría de nosotros nunca lo oímos.
Conozco el caso de un hijo a quien sí se lo dijeron. Está en el evangelio de Lucas 3,15-16 y 21-22. Fue el día en que el Señor se bautizó. Él estaba orando y se oyó una voz del cielo que dijo: “Tú eres mi hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”.

He aquí a un padre que sí supo expresar su amor. Y lo hizo claramente. Con palabras precisas, de modo que no hubiera ninguna duda.

Aquel fue un momento determinante en la vida del Señor. Su vida cambió de forma radical, dedicándose de manera pública y total a la misión que su Padre le había encomendado.
Él pudo comprender su misión en la vida y emprenderla con seguridad y alegría, porque se sabía amado. No hay nada que pueda producir mayor seguridad y alegría que la experiencia de saber que uno es amado incondicionalmente, y que nada puede hacer acabar ese amor.

Esa expresión que escuchó el Señor en su bautismo medio de una voz del cielo. Y esa misma es la que podemos a escuchar dentro de corazón. Una voz muy suave y pequeña, y dice: “Tú eres mi hijo amado, cuenta conmigo”.

Esa voz sólo podemos escucharla en la soledad y en el silencio. Es la voz que puede liberarme del miedo; que puede hacerme capaz de amarme a mí mismo, expresar cariño a otros, y ser, tanto, feliz.

Dice San Lucas que “todo sucedió mientras Jesús oraba”. Y dice Henri Nouwen que: Orar es escuchar la voz que nos llama “hijo amado”.

La pregunta de hoy

¿Qué sucedió cuando a usted lo bautizaron? En ese momento sus padres y padrinos ofrecieron su vida a Dios, como hizo Ana con el profeta Samuel cuando lo llevó al templo. (Sam. 1, 24-28).
¡Pero lo importante fue que Dios le entregó su amor y su vida a usted!
Quien recibe el don de entender, y aceptar esto, tendrá paz y gozo interior, y ya no tendrá preguntas.  



Fuente LD

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