Mundo: El caso Navalny, la 'mecha' que ha complicado del todo las relaciones entre la Unión Europea y Rusia

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Hay un proverbio ruso que dice que “no puede haber bien sin mal”. Rusia y la Unión Europea son precisamente eso, dos polos opuestos en un mundo que sigue abordando una crisis sin precedentes. Bruselas y Moscú nunca han sido buenos amigos, pero los últimos años han servido para demostrar esa cuasi enemistad que ahora se ha agudizado por culpa del arresto y posterior condena del opositor a Vladimir Putin, Alexei Navalny, que sigue en prisión. No se puede olvidar tampoco que el opositor tuvo que recuperarse en Alemania de un envenenamiento. Sobre la mesa sigue la posibilidad de cargar al entorno de Putin con la culpa, quién sabe. La mecha se ha encendido del todo.

Gota a gota, el vaso de va colmando. Del viaje de Josep Borrell a Moscú a la imposición de sanciones, pasando por los mensajes cruzados entre Rusia y la UE en las recientes semanas. No han dejado de pasar cosas y hay países como Alemania, siempre partidario de mantener el diálogo, que ha ido endureciendo su posición tras los últimos acontecimientos.

¿Cómo son las relaciones UE-Rusia? Desde 1994 hay firmado un Acuerdo de Colaboración y Cooperación que se ha ido renovando, pero los contactos bilaterales ahora mismo están suspendidos. En 2014 se instauraron sanciones por el conflicto en Crimea, y aunque la relaciones nunca fueron ‘amables’ desde entonces se han deteriorado. Por ejemplo, Rusia fue expulsada del G8 y se ha suspendido su adhesión a la OCDE y a la Agencia Internacional de la Energía.

La tensión se multiplicó con el viaje del Alto Representante, Josep Borrell, a Rusia a principios de febrero. Allí, el exministro de Exteriores español sufrió una encerrona por parte de Sergei Lavrov, ministro de Exteriores ruso. Cuando Borrell criticó la condena a Navalny, Lavrov le respondió alegando “lo que pasa en la UE” con los presos del procés. Además, incluso le arrancó elogios a la vacuna rusa Sputnik, que, de momento, no va a ser suministrada en la Unión. Esa puerta parece estar del todo cerrada.

El tono de Borrell se endureció a su vuelta, como se demostró en su comparecencia ante el Parlamento Europeo. “La estructura de poder en Rusia que combina intereses económicos ulteriores y control militar, no deja ningún espacio para una apertura democrática para el Estado de derecho“, sentenció el jefe de la diplomacia europea. “El viaje era un riesgo, pero había que asumirlo”. Eso sí, Borrell ha alertado de que Rusia está intentando dividir a la UE. “No deberíamos caer en la trampa”.

El último elemento del conflicto han sido las sanciones. Los gobiernos de los 27 han acordado imponer medidas restrictivas contra Moscú, y van a estrenar el nuevo régimen de sanciones de la UE contra las violaciones de Derechos Humanos. Borrell avisa de que Rusia “se está alejando de Europa” y solo busca “la confrontación”. Se mantiene abierto a “dialogar” con Moscú, pero asegura que la UE “se mantendrá en sus trece”. Es decir, apela a reforzar la autonomía estratégica de la Unión.

“Rusia se está convirtiendo en un Estado autoritario”, sentenció el jefe de la diplomacia europea. Teniendo como referencia diciembre de 2020, las sanciones individuales se aplican a 177 personas y a 48 entidades. Por el intento de asesinato a Navalny precisamente están sancionadas seis personas y una entidad.

“Como es lógico, las violaciones de DDHH ya estaban sancionadas en la UE, lo que supone este nuevo régimen es la creación de un paraguas común. Además, el sistema para aprobar nuevas sanciones será más rápido ya que no habrá necesidad de crear una lista por Estado”, explica Celia Fernández, internacionalista por la Universidad Nebrija. Este régimen, que tiene, digamos, como referente la Global Magnitsky Act (el sistema que aplica EE UU) mantiene una diferencia con este: y es que en el europeo no se sanciona la corrupción.

Las repercusiones de esta tensión pueden ser muchas. ¿Y si se ve afectado el Nord Stream 2? Se trata de un proyecto -un gaseoducto- a través del cual se pretende aumentar el gas natural ruso que llega a Alemania y de ahí a otros países europeos. Este plan es uno de los motivos de la tibieza de Berlín a la hora de defender las sanciones contra Moscú. Se han generado dos bandos, en todo caso: los países que defienden el proyecto y los que creen que genera dependencia energética.

Gazprom, OMV, Wintershall Dea, Engie, Uniper y Shell son las compañías que financian el proyecto y Alemania ve una buena oportunidad. Defiende firmemente el proyecto y Angela Merkel siempre ha sido partidaria del diálogo. Según los cálculos que se han hecho, el Nord Stream podría servir para abastecer a 26 millones de hogares. En el otro lado, en cambio, están Polonia y Lituania, entre otros. Vilna y Varsovia creen que el gaseoducto es “una amenaza”. Francia, con su influencia, también está en contra.

Por último, hay que tener en cuenta que la Unión Europea ha mostrado su voluntad por acercarse a Estados Unidos bajo la Administración de Joe Biden. “Han vuelto al multilateralismo”, reconoció Borrell. De hecho, el secretario de Estado, Anthony Blinken, participó este lunes en el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE y la conversación fue calificada por la Unión como “muy positiva”. Más cerca de Washington implica necesariamente más lejos de Moscú, pero en todo caso cualquier acercamiento con Putin será ficción.



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